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	<title>El Paraíso Perdido</title>
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	<description>Espacio dedicado a las letras y a la esquizofrenia creativa.</description>
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		<title>Instrucciones para Matar un Ratón</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Nov 2011 05:56:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Absténgase de usar gatos&#8221;   Salvo las contadas y hoy podría decirse, desconocidas excepciones. El matar a un ratón no resulta ser una tarea simple. Éstos mamíferos suelen tener todas las armas necesarias para llevar a cabo empresas exhaustivas y prácticamente imposibles con gran éxito. Su tamaño diminuto (no confundir con ratas), les permiten esconderse [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=228&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:right;">&#8220;Absténgase de usar gatos&#8221;</p>
<p style="text-align:right;"> </p>
<p>Salvo las contadas y hoy podría decirse, desconocidas excepciones. El matar a un ratón no resulta ser una tarea simple. Éstos mamíferos suelen tener todas las armas necesarias para llevar a cabo empresas exhaustivas y prácticamente imposibles con gran éxito. Su tamaño diminuto (no confundir con ratas), les permiten esconderse en cualquier rincón de cualquier habitación. Prefieren las cocinas aunque es común encontrarse con casos de ratones merodeando los alrededores de los comedores o bien, aquellas habitaciones cálidas que les ofrecen un buen refugio sobre todo en épocas de frío.</p>
<p> <span id="more-228"></span></p>
<p>Éstos diminutos entes, cuentan con habilidades que cualquier soldado envidiaría. Debido a su tamaño y flexibilidad, pueden esconderse en casi cualquier sitio, incluso si el ambiente a su alrededor no les ofrece una alternativa segura para habitar, cuentan con una mordida que gracias a su persistencia de vendedor de tarjetas de crédito por teléfono, logra hacer ceder el más fino cuero de salas o base de algún colchón. Su inteligencia desmedida les permite tomar decisiones,  nunca ofensivas, siempre orientadas en evadir el peligro gracias a su gran velocidad y reflejos.</p>
<p> </p>
<p>Dicen que algunos incluso, han logrado trepar paredes y construir escondites más elaborados. Sin embargo, si en su caso tiene frente sí un ratón promedio; lo más seguro es que esté detrás del viejo buró o escondido en una esquina de esas a las que no solemos ponerle mucha atención.</p>
<p> </p>
<p>Para mater a un ratón, primero necesita tener en cuenta que en algún momento de su cacería será víctima del factor sorpresa. Ya que pocas son las ocasiones, cuando al iniciar el proceso de caza, uno tiene ubicado a la diminuta presa. Por ello lo más seguro es que en el momento en que se disponga a mover un mueble, una jerga o la mesa en donde se sospecha se encuentra guarnecido el sujeto en cuestión, será necesario sostener un poco el aire y disponerse a levantar los pies con movimientos ridículos, ya que sus maniobras evasivas de zigzag despistarán hasta el más valiente de los cazadores.</p>
<p> </p>
<p>Una vez ubicado el diminuto individuo, será necesario seleccionar el arma fatal, ésta puede ser una escoba, un jalador e incluso se ha sabido de grandes vanguardistas en este arte que lo han intentado con un destapa caños.  Será necesario arrojar el objeto seleccionado en varias ocasiones, por varias horas, si es que no se ha ubicado a la presa en una habitación cerrada, esto derivado de que justo en el instante en que sea vislumbrado y el cerebro mande la orden al brazo para generar el movimiento de ataque con la escoba (o arma seleccionada), será demasiado tarde.</p>
<p> </p>
<p>Después de intentar esto por tres o cuatro horas, sin tener suerte. Se sugiere se compre una trampa para ratones, de esas que se pegan o colocar un poco de veneno en los lugares en los que se ha visto frecuentar al roedor. Posteriormente se sugiere esperar, a que el ratón muera, a que usted muera o finalmente ambos aprendan a convivir en un espacio de armonía con distribución equitativa de los alimentos.</p>
<p> </p>
<p>Noviembre 2011</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jealmeida.wordpress.com/228/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jealmeida.wordpress.com/228/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=228&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Jaime E. Almeida</media:title>
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		<title>La Calle 53</title>
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		<pubDate>Wed, 04 May 2011 06:20:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[La nota dice: Te espero mañana a las 6. En el esquina de la calle 53 No sabe de donde proviene esa nota, mira a su alrededor esperando poder deducir quién la ha dejado en su lugar, pero no logra identificar quién ha sido. Sólo bastaron poco menos de siete minutos en que se ausentó [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=194&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2011/05/0148_00.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-200" title="0148_00" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2011/05/0148_00.jpg?w=407&#038;h=267" alt="" width="407" height="267" /></a></p>
<p>La nota dice: Te espero mañana a las 6. En el esquina de la calle 53</p>
<p>No sabe de donde proviene esa nota, mira a su alrededor esperando poder deducir quién la ha dejado en su lugar, pero no logra identificar quién ha sido. Sólo bastaron poco menos de siete minutos en que se ausentó de su lugar para que alguien, muy probablemente un desconocido le dejara ese pequeño trozo de papel sobre el teclado de su computadora para luego desaparecer. Sabe que transcurrieron poco menos de siete minutos porque vio que la hora en su computadora marcaba las seis veintitrés de la tarde, restaban siete minutos para que diera la hora exacta de salida. Previendo eso, se levantó de su escritorio para pasar al sanitario. Cuando regresó, el reloj marcaba exactamente las seis treinta y la nota ya estaba ahí</p>
<p><span id="more-194"></span></p>
<p>Han pasado ya dos meses, dos meses en los que no lo ha visto, ni sabido nada de él. La última vez que hablaron, ella le gritó que no quería volver a verlo. Por esos días el engaño era más poderoso que el amor, sin embargo, con el paso del tiempo, el amor parecía ser más fuerte que el engaño. No había fuerza de voluntad que le permitiera resistir la presión de la cuál era víctima en estos últimos días. Si bien en el pasado no quería saber nada de él y ni siquiera podía resistir verlo en una fotografía, ahora esas fotografías es lo único que le queda, su único refugio de un amor perdido y manchado por la traición.</p>
<p>Ella sospechaba algo. En más de una ocasión se compadeció de si misma por sentir celos de un hombre que juraba amarla y respetarla. En aquellos días pensaba que la vida le había sido tan benévola, que resultaría casi seguro que algo pasaría para estropear la alegría vivida en esos momentos. Por ello creía en la existencia de otra persona, otra mujer. En ocasiones al regresar del trabajo miraba con recelo al subir al autobús a todas las mujeres que se encontraban en éste. Siempre intentando descifrar dentro de aquel grupo variable de mujeres todas vestidas con traje de oficina, quién sería la maldita que estaría sin que ella lo supiera, entrometiéndose en su vida y arrebatándole a su amor. Podía resultar que el objeto de la traición era una pelirroja, otras veces una de cabello castaño con los ojos claros y así, una mujer diferente cada día, escrutada de pies a cabeza de tal forma que bien podría por las noches dibujarla a la perfección en su imaginación junto con cada detalle como el color de los zapatos, el tamaño de los pechos, la figura tras la ropa, el largo del cabello.</p>
<p>La obsesión fue creciendo con el paso de los días. En más de una ocasión al tener relaciones con su amor, dejó que su mente viajara mientras lo miraba con el rostro apretado mientras la embestía como un animal. Imaginaba si ése era el rostro que haría con la otra mujer, fuera quien fuera. La pelirroja, la rubia, la morena, de cabellos cortos o cabellos largos. La que gustaba que le dijera palabras cursis o la otra que deseaba a toda costa unirse a él de tal forma que la piel de ambos se confundiera para crear un solo cuerpo bañado en transpiración.</p>
<p>Ahora lleva dos meses sin él, y siente que ya no puede con la carga. De alguna manera piensa que toda esta situación pudo haberse derivado por su culpa, como si ella con su imaginación hubiera atraído hacia su relación la traición. Antes, solía pasar las noches recostada en su sillón hablando por teléfono con él. Se veía a sí misma esperando que dieran las diez de la noche para ver el teléfono encenderse y sonar. Ahora trata de no pensar en eso, pero los minutos cada vez se tornan más pesados. Mira el teléfono mientras descorcha una botella de vino tinto y ve que a penas son las ocho de la noche. ¿En dónde estará él?, ¿acaso estará con la otra en esos momentos?, ¿hablando por teléfono o besándole el cuello y diciéndole las mismas palabras que a ella tantas veces le dijo mientras fueron novios?.</p>
<p>El departamento está sucio, sobre la mesa que antes siempre estuvo limpia ahora descansan exactamente cincuenta y ocho botellas de vino tinto. Ése ha sido su único consuelo desde la noche en que quiso sorprenderlo:</p>
<p>Al salir del trabajo tomó un camión que no era el de costumbre. Para hacer del transcurrir del tiempo un poco menos pesado, compró una revista en un puesto de periódicos frente al edificio en donde él todavía trabaja y entró a una cafetería. Esa noche ordenó un café americano con un poco de leche deslactosada, le puso dos sobre de azúcar y un poco de canela. Se sentó frente a la gran ventana que da a la calle, mientras observaba a las personas caminar, entrar y salir de la cafetería y del edificio de oficinas ubicado enfrente; la mayoría solos, la única forma en la que se puede ver a la gente de esta ciudad.</p>
<p>Una página tras otra. A un costado de su mesa un hombre gordo metido en una laptop. Frente a ella, una mujer de cabello rizado con un blusa negra. Cuarenta minutos después y otro café, ahora con tres sobres de azúcar sin canela. Un hombre acercándose a ella para pedirle fuego y ella explicándole inútilmente que había dejado de fumar hacía casi un año. El sonido de una ambulancia a lo lejos mientras un hombre de baja estatura discutía con el tipo de la barra de la cafetería.</p>
<p>Las nueve. La calle más vacía pero dentro del edificio de enfrente todavía le era posible ver varias luces encendidas, supuso que una de esas era la de la oficina de su amor quien seguramente ya se preparaba para ir a casa.</p>
<p>Tomó su bolsa, enrolló la revista y la colocó bajo su brazo mientras tiraba el vaso ya vacío al cesto de la basura. Nunca olvidará que al salir, llamó su atención la mujer de cabello rizado. Traía exactamente la misma falda que ella. Sintió pena de que alguien notara el detalle y regresó al café sin quitarle a la mujer la vista de encima, mirándola a través del amplio ventanal. La mujer atravesó el primer tramo de la calle deteniéndose en el camellón para sacar de su bolsa un lápiz labial. Al fondo, en la puerta del edificio finalmente lo vio. Sacó su celular de la bolsa y escribió un mensaje que decía: “Te tengo una sorpresa”. No recordó hasta ese momento haber sentido tanto amor por él, la ilusión de estar con la persona correcta le invadió el cuerpo de tal forma que las piernas le temblaron.</p>
<p>Al guardar su celular levantó la vista y pudo observar justo cuando él del otro lado de la calle, sacó su teléfono de la bolsa del pantalón. Detesta haber visto cuando la mujer del cabello rizado se acercó a él y antes de que si quiera pudiera ver el mensaje en el celular, la abrazó y le dio un beso en los labios mientras le sostenía el cuello con una mano y con la otra la tomaba fuertemente de la cintura. Por un momento no entendió lo que estaba mirando, fue como si se tratara de una pesadilla el verlos tomados de la mano alejándose de la oficina y ella ahí pasmada, ante un ventanal de una cafetería viendo realizado su mayor temor y su más grande obsesión. Detrás de ella, un hombre preguntándole que si no iba a ocupar la mesa le permitiera sentarse. Su teléfono vibrando, un mensaje de él que decía: “¿Qué sorpresa?, te llamo al salir, tengo mucho trabajo”.</p>
<p>Ahora son exactamente cincuenta y nueve botellas de vino vacías. Todas consumidas antes del momento más difícil. Las diez de la noche en punto. La hora pactada. La hora en que siempre desde hacía poco más de un año era sagrada entre semana y si bien, nunca respetada con precisión, siempre marcada como el punto de encuentro, el momento de sentarse en el sillón para hablar de ellos, de sueños, fantasías. El momento en el que ella podía decirle lo mal que se sentía en su trabajo, lo cobarde que es la gente que la rodea para escuchar esas palabras de aliento, ese abrazo imaginario que se posaba en ella a través de la voz como la manta más cálida calienta el cuerpo en una tarde helada de invierno. Pero ahora no hay nada, sólo unas gotas solitarias dentro de una botella, un departamento con bolsas de papel llenas de residuos de comida por todo el suelo y un teléfono frente a sus ojos sumido en un mutismo sepulcral.</p>
<p>En más de una ocasión ha tomado el teléfono y se ha imaginado que después de digitar los números él le responde, le contesta como si nada hubiera pasado. Como si lo vivido esa tarde frente a su oficina fuera nada más que un mal sueño. Los primeros días el simple hecho de recordar la escena le causaba rabia, pero ahora ya no la siente, al contrario, ese profundo amor que alguna vez sintió por él ha renacido, sólo que ahora no tiene el valor para tomar el teléfono y llamar. Por momentos le atraviesa la idea de dejar partir esa historia, de tomar su pasado con él y quemarlo como quemó una a una todas las fotografías de sus épocas felices. De renacer y buscar el amor en otra persona, pero no lo desea. No lo quiere porque sólo lo ama a él. Siente paz con el simple hecho de observar las únicas dos fotografías que no quemó, las que estaban guardadas en su cartera y que no tomó en cuenta al incinerar el resto de su pasado juntos. Cerrar los ojos e imaginar los besos y repasar una y otra vez en su imaginación las veces en que hacían el amor para después recostarse y no decir nada, sumergidos en un abrazo hasta que el sueño los invadía.</p>
<p>Enciende un cigarro y trata de tomar valor, ha llegado el momento de marcarle. De alguna manera tiene que hacerle saber que todavía lo ama y que está dispuesta a darle otra oportunidad. Falla al primer intento. Digitó tres números para colgar súbitamente. ¿Qué le va a decir?, o peor ¿qué pasa si él no quiere hablar con ella?. Enciende otro cigarro con la colilla del anterior y camina alrededor del departamento dando círculos, buscando una frase, un pretexto, algo que le permita escuchar su voz. Finalmente se decide y con valor marca uno a uno los trece números. Primer tono: <em>¿y si no quiere hablar conmigo? </em>Segundo Tono: ¡<em>Necesito escuchar tu voz!. </em>Tercer tono y finalmente ahí está la voz. Ella detecta al instante que lo despertó, lo sabe porque en más de una ocasión ha escuchado esa voz aturdida. No logra decir nada. <em>¡Bueno!</em>, se escucha del otro lado. Ella finalmente logra pronunciar un endeble <em>te amo</em>, mismo que no tiene respuesta. Cierra los ojos mientras piensa en qué decir, pero no logra concretar una frase. <em>¡bueno!</em>, vuelve a escuchar con más fuerza. Finalmente arroja el teléfono sobre el sillón y lentamente, en lágrimas se desvanece contra la pared.</p>
<p>Lloró hasta entrada la madrugada, hasta que el sueño finalmente la arrancó sin que se diera cuenta de sus pensamientos, de su tragedia. Ya es de mañana y se despierta con el habitual dolor de cabeza. Son casi las once de la mañana. Los ojos le arden y siente la boca pastosa. Se mira al espejo y lo único que puede ver es su rostro hinchado, sus dientes negruzcos por el vino y su cabello revuelto. Cree que ha dejado pasar su última oportunidad para estar con él. <em>Ya no hay nada más qué hacer</em> piensa, mientras abre la llave de agua fría y se desviste. Al entrar a la regadera recuerda la última vez que se bañaron juntos, justo en ese baño, bajo esa misma regadera, los dos, mirándose con los rostros y cuerpos mojados. Sin secretos. Sólo ellos en lo que hasta ese momento creyó como el estado más transparente de los humanos. Cree que ese fue el momento más feliz de su vida. Mismo que se ha ido y que no volverá jamás. Al salir de bañarse mira la hora y ve que casi es ya el medio día. Recuerda la nota que encontró el día anterior en su escritorio y corre a su bolsa para buscarla. Ahí está, la nota con letra desconocida: <em>Te espero mañana a las 6 en el esquina de la calle 53.</em> ¿Quién pudo haber escrito esa nota?, reflexiona mientras con lentitud comienza a recoger todas las bolsas de papel de su departamento con restos de comida, Faltan poco más de cinco horas para la cita.</p>
<p>Repasa uno a uno los rostros de sus compañeros de trabajo, ya que seguramente uno de ellos debe ser el autor de la nota, pero no logra ubicar a alguien con un comportamiento extraño hacia ella, alguien que en los últimos días le haya dado un pretexto para poder especular sobre alguna intención que va más allá de lo laboral. La intriga es pesada, así que finalmente se decide en ir. Pasa varios minutos observando la ropa en su closet, tomando un vestido tras otro, algo que la haga verse bien para una cita. Después de todo siente la necesidad de salir de esa rutina y ¿por qué no?, conocer a alguien que le ayude a apartar su mente. Escoge un vestido de una sola pieza, es un vestido rojo con detalles en blanco, muy ligero de tirantes. Hacía mucho tiempo que no se esmeraba en su aspecto personal. Se maquilla con suma cautela, delinea sus ojos y sus labios, alacia su cabello y escoge con cuidado el perfume para la ocasión, uno muy especial, de un aroma ligero y fresco.</p>
<p>El camino al lugar de la cita le parece largo. Ahora le resulta curioso imaginar que alguien ya debe estar en camino hacia la cita, alguien que puede ser cualquiera. Aunque por momentos le desmotiva la idea de que nadie en su oficina le parece atractivo, <em>pero, una nunca sabe.</em> Piensa.<em></em></p>
<p>Decide bajarse del camión una calle antes de llegar a la calle 53, con el objetivo de ver a la distancia a su admirador secreto. Con sigilo trata de ocultarse detrás de una esquina desde la que contempla a la perfección el lugar de la cita para la cual, faltan exactamente cinco minutos. Ahí permanece, mirando uno a uno a los hombres que transitan por la calle. Algunos altos, otros con poco cabello. Recuerda el momento en que lo conoció, una tarde casi año y medio atrás, ella llevaba el mismo vestido rojo y casualmente también era un sábado. Ella pasaba por la calle 53, cuando, justo al llegar a la esquina, se paró junto a él mirándose brevemente. Ella nerviosa le sonrió a lo que el le contestó con otra sonrisa. Justo en el momento en el que ella intentó atravesar la avenida el le dijo: <em>Disculpa, no quiero molestarte pero vas a creer que estoy loco. </em> Esas fueron las primeras palabras que escuchó de él.</p>
<p>Ella sigue oculta hasta que finalmente ubica un comportamiento extraño, hay un tipo alto con lentes oscuros que se ha parado a un costado del poste ubicado exactamente en la esquina. A primera vista no logra reconocerlo, así que decide acercarse con pasos cortos. El hombre lleva puestos unos jeans color azul claro y una camisa de manga corta blanca.</p>
<p>Conforme pasan los segundos los pasos se hacen más cortos. No logra reconocerlo a pesar de estar a poca distancia. Son las seis exactamente y se encuentra ya a las espaldas del hombre aproximadamente a un metro de distancia. Súbitamente el hombre la voltea a ver haciendo que ella se detenga pasmada. No sabe que decirle. El hombre le sostiene la mirada por escasos segundos pero no le dice nada. Ella avanza hasta su lado y reconoce el aroma de su loción. El hombre finalmente hace un ademán con la mano para detener un taxi. Ella lo ve subirse al auto, quedándose sola en la calle esbozando una sonrisa. Una sonrisa por más fingida que intenta disfrazar el llanto. Llanto por un amor perdido. Por fracasar ante el amor.</p>
<p>Así permanece un buen rato, como todos los sábados hasta que el sol finalmente se oculta, sosteniendo una nota que ella escribió. Una nota con una cita que jamás existió y que nunca existirá.</p>
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		<title>Las Letras Malditas</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2010 21:35:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[“Cuando el ánimo está en suspenso, un ligero impulso le hace inclinarse a un lado o al otro” Publio Terencio Eran las tres de la tarde cuando sonó el teléfono de mi escritorio. Yo me encontraba terminando de acomodar unos papeles que debía entregar ese mismo día al área de envíos. La oficina estaba como [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=187&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/las-letras-malditas-pic.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-188" title="Las Letras Malditas Pic" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/las-letras-malditas-pic.jpg?w=300&#038;h=223" alt="" width="300" height="223" /></a></p>
<p style="text-align:right;"><em>“Cuando el ánimo está en suspenso, </em></p>
<p style="text-align:right;"><em>un ligero impulso le hace inclinarse </em></p>
<p style="text-align:right;"><em>a un lado o al otro”</em></p>
<p style="text-align:right;">Publio Terencio</p>
<p style="text-align:right;">
<p>Eran las tres de la tarde cuando sonó el teléfono de mi escritorio. Yo me encontraba terminando de acomodar unos papeles que debía entregar ese mismo día al área de envíos. La oficina estaba como todos los días, las mismas cinco personas en los mismos cinco escritorios con los ojos metidos en las pantallas de la computadora observando y manipulando hojas de cálculo. Tomé la llamada al cuarto tono, con la ilusión de que fuera una llamada rápida para poder continuar con mis actividades; ya que si no entregaba a tiempo mis documentos, seguramente tendría que quedarme hasta tarde rehaciendo todo el trabajo. Así pasa en este trabajo. Cuando vendes tiempo y éste se consume,  hay que iniciar todo de cero; eso sí, con menos pesos en la cuenta bancaria de la empresa.</p>
<p><span id="more-187"></span>Para mi sorpresa la llamada era de mi jefe. Lo primero que le dije fue que tendría los documentos en tiempo y forma, ya que estaba a punto de terminar el trabajo del día, pero justo al intentar decírselo me interrumpió; me dijo que dejara todo, que había surgido algo de mayor importancia y que era imprescindible que subiera a su oficina para arreglar un asunto: <em>Muy particular</em>, dijo justo antes de colgar.</p>
<p>Tengo que subir: les dije a mis compañeros quienes voltearon a verme con un gesto automático de pena, un gesto muy parecido con el que recibes a un compañero de trabajo al que le das el pésame por algún familiar, una vez que ha regresado al trabajo. Eso ocurría siempre que alguno de nosotros recibía la instrucción del jefe para que subiéramos a su oficina; aunque normalmente el tiempo que pasábamos en tan enigmático lugar era corto; y usualmente el que recibía el llamado regresaba a su escritorio con una encomienda de tal magnitud que le haría pasar el resto de la tarde y muy probablemente de la noche pegado al escritorio para poder concluirla. Eran relativamente pocas las ocasiones en las que el enviado bajaba a retomar sus actividades con una buena noticia o con menos trabajo por realizar.</p>
<p>Aunque para todos la llamada podría haberles parecido normal, yo me puse nervioso. Tuve un presentimiento nada positivo sobre el asunto Muy particular del jefe. Como si me aguardara una noticia realmente mala, o como si el equipo se hubiera metido en un problema de tal magnitud que ocasionaría la baja de cualquiera de nosotros. Tomé mi cajetilla de cigarros junto con el encendedor, una pluma y el bloc de notas imprescindible en las llamadas a junta. Mientras subía las escaleras repasé una por una mis últimas actividades del día, de la semana, del mes. Trataba de encontrar alguna justificación para esa llamada; creadora de un mal presentimiento. Un presentimiento que se apoderaba de mis pasos, un presentimiento capaz de desencadenar una serie de inseguridades sobre mis labores; sin embargo, en el trayecto no pude pensar en nada concreto.</p>
<p>Al llegar a la oficina de mi jefe la puerta estaba abierta. Él se encontraba atendiendo otra llamada. Con la mano me hizo la seña de pasar, así que obedecí y me senté frente a él. Siempre, al llegar a su oficina me entretenía observando todos los adornos y cosas del lugar. Por lo regular las oficinas de los jefes son sitios grises, con olor a tabaco y un sin fin de hojas por todas partes. La de mi jefe era distinta, era realmente pequeña, diminuta para un Director quiero decir, una podría pensar que las oficinas de las personas con un sueldo adornado por más seis ceros mensuales  deberían estar llenas de lujos y cosas extrañas. Un minibar quizás, como en las películas, repleto de güisqui de diferentes marcas, copas finas y sobre todo, una buena colección de habanos. Pero la de mi jefe no era así, si acaso tendría tres metros de largo y ancho, un escritorio de esos que son fáciles de encontrar en tiendas de muebles comunes y una silla idéntica a la del resto del equipo. Eso sí, lo único de las oficinas que generalmente tienen los jefes, presente en la del mío, era el olor a tabaco.</p>
<p>Adornando una de las paredes había un gran mapa, así que mientras esperaba reparé en los lugares a los que había tenido la oportunidad de viajar. Dieciséis sitios conté. Una vez concluido el repaso de mis viajes, observé el pequeño pizarrón blanco ubicado a espaldas de mi jefe, en él siempre había números, por lo regular números de objetivos de venta, pero esta ocasión me llamó la atención el hecho de que únicamente estaban escritas cinco letras, de la A, a la E separadas todas por sus respectivas columnas.</p>
<p>Al terminar la llamada, mi jefe colgó el teléfono y me acercó el cenicero. Este gesto siempre lo ha tenido desde el día en que me contrató. En aquella ocasión me permitió fumar para controlar mis nervios de primerizo, pero con el tiempo el hecho de llegar a su oficina y encender un cigarro se había convertido en un acto cotidiano. Encendí un cigarro y lo dejé hablar. Me dijo que algo estaba a punto de ocurrir, lo primero que pensé fue que seguramente dentro de uno de los cajones de su escritorio se encontraba un sobre con mi carta de despido, pero no fue así. Levantó la mirada echando el humo hacia el techo, se veía incómodo, como tratando de acomodar las palabras de una noticia liberada en su mente y reprimida por sus labios.</p>
<p>Lo que te voy a decir, es más difícil para mi de lo que parece. Necesito pedirte que debajo de cada letra escrita en este pizarrón, pongas el nombre de cada uno de tus compañeros, incluido el tuyo.. ¿Debo ponerlos en algún orden en particular?. Le pregunté. Puede ser, me contestó. Puedes empezar por ti, y acomodar el resto en el orden que quieras. Es tu elección, pero debes meditar muy bien la forma de acomodar todos los nombres; yo, solamente escribiré las iniciales y eso será todo. Di una fumada profunda, podría pensar en un inicio que todo se trataba de un juego, un juego bélico, ya que usualmente la admiración de mi jefe por los manuales de guerra se reflejaba en nuestra forma de enfrentar el trabajo, o bien por decirlo de otra forma su manera de dirigirnos. Traté de relajarme y a pesar del tono sentencioso que envolvió el anuncio de tan delicado tema, pensé en tomarlo con calma, después de todo era muy probable que me encontrara frente a una apuesta sin conocer realmente a los caballos que correrían.</p>
<p>Inicié con el primer nombre, mi jefe únicamente anotó la inicial: la letra S, continué con la R, la D, la H y finalmente mi nombre. Una vez terminada mi labor, el jefe se me quedó mirando y me preguntó: ¿estás seguro de querer dejar los nombres en ese orden?. Yo no le tomé importancia, al desconocer la trascendencia de mis movimientos, decidí dejar las fichas en su lugar, seguir mi primer instinto y le contesté que los nombres estaban bien. Acto seguido no pude evitar el hacer la pregunta obligada. No puedo contestarte esa pregunta, me respondió, sabes que siempre tengo una respuesta para todo, continuó, pero en esta ocasión no estoy en la posibilidad de responderte. Se puso de pié,  me agradeció mi presencia, me dijo que ya no era importante concluir con los reportes de ese día, permitiéndome finalmente irme a casa. Extrañado por tal permiso, le pregunté sobre si se trataba de alguna broma, pero me dijo que no, que era un asunto sumamente serio, mismo que se vería resuelto al día siguiente. La mayoría de las decisiones que afectan nuestra vida, las tomamos con los ojos cerrados. Cobran relevancia cuando terminamos en un ataúd o recostados en la cama a un costado de la mejor amante. Cuando creemos tomar una decisión, sólo estamos viviendo la consecuencia de decisiones pasadas, tomadas con una venda en los ojos. Nos vemos mañana a las nueve, tenemos junta, pero no va a ser aquí, quiero hacer la junta en mi casa. Me dijo. Finalmente nos despedimos y salí de su oficina. Eso era todo, el sentimiento que se apoderó de mi mente era el de haber firmado mi sentencia de muerte sin saber en realidad si mi vida estaba en peligro. Fue como firmar una hoja en blanco, al menos esa sensación tuve, una hoja que firmas al final para que otro la llene. Una muestra de confianza al fin de cuentas, pero por lo regular, cuando uno estúpidamente firma papeles en blanco, lo hace solo con personas de confianza teniendo la oportunidad siempre de poder revisar el documento final para corroborar que todo esté dentro de lo pactado. Sin embargo esta ocasión era distinta, no podría revisar si mi firma, representada por esas cinco letras que coloqué sin algún orden en particular, iba a ser usada con fines ajenos a mi conveniencia.</p>
<p>Al regresar a mi escritorio todos me preguntaron por lo que había ocurrido. Comencé por decir que se había tratado de la visita más extraña que había realizado a la oficina del jefe, pero justo cuando estaba por comentar la dinámica sonó el teléfono de R. Todos guardamos silencio, ya que supusimos se trataba del jefe, o al menos dado el ambiente de misterio que se había dejado venir sobre nuestros hombros, todos lo dimos por hecho. Me toca a mi dijo R, pero me pidió que no hablara contigo, que te había dado autorización de irte a casa y que eso debías hacer, sin decirnos una sola palabra. Que raro es, concluyó R; tomando su respectivo bloc de notas y por supuesto, su cajetilla de cigarros rojos. Lo único que dije al final fue que  podía llevar la cajetilla, pero la pluma y el bloc de notas, no resultaría necesario.</p>
<p>Tomé mis cosas tal cual la instrucción, sin decir una sola palabra, apagué la computadora y me despedí de manera general para después salir de la oficina. Para variar un poco a la rutina el sol seguía brillando y el cielo estaba azul. Salí del edificio y caminé dos cuadras hasta el café al que solemos asistir de vez en cuando después de nuestras labores para, como buenos empleados, seguir hablando de trabajo. Ordené un café americano. Le puse un tanto de crema, dos sobres de azúcar y mi acostumbrada combinación de polvo de nuez moscada, vainilla y canela. Me senté en una de las mesas de la parte posterior y me dediqué a pensar sobre aquel extraño ejercicio. Unos cuantos minutos después llegó R y así, sucesivamente, S y D. Cuando llegó H, había pasado ya casi una hora de haber salido de la oficina. Yo todavía nervioso e inseguro,  ya iba por el tercer café de la tarde, misma que comenzaba a decaer. Era como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo en vernos después de la oficina en el café de siempre, la duda nos llenaba la mente de ideas sin forma, y fue por ello quizás que uno por uno, dimos por hecho tener una cita en el café de costumbre sin haberla acordado previamente.</p>
<p>Todos coincidimos en lo que había ocurrido, la misma mecánica sin ninguna explicación. El llamado a junta al día siguiente a las nueve de la mañana en su casa. Todo exactamente, con las mismas palabras se había repetido en cinco ocasiones. R fue el primero en cuestionar la salud mental del jefe, pero conociéndolo todos, tan bien como creíamos conocerlo, descartamos de inmediato la posibilidad. Todos menos S. La única mujer. Yo creo de verdad que ya se volvió loco, dijo. Imagínense, después de pasar tres años, haciendo el mismo trabajo con la cantidad de presión que tenemos por vender el tiempo, era casi seguro que algún día iba a enloquecer, si nosotros no hemos enloquecido por gracia divina. Concluyó. Yo no creo que sea así –comentó H- Ya lo conocen, seguro está tramando algo, ojalá no sea nuestro orden de  asistencia al muro de fusilamiento porque entonces sí alguno de nosotros mañana no va a tomar café. ¿No creen?. Imagínense –continuó- ¡es posible que uno de nosotros no esté mañana tomando café!., o bueno, cabe la posibilidad que lo esté tomando pero ya con maletas hechas y todo si es que continúa con vida.</p>
<p>La sensación de que alguien iba a ser despedido llenó la mesa de inmediato, surgieron otro tipo de hipótesis pero la situación era abiertamente negativa para todos, nadie tenía la certeza de lo que pasaría al día siguiente, sin embargo, todos presentíamos que se trataba de algo negativo, se podía respirar en el ambiente. Cada quién lo percibía de la misma manera, incluso D, quien por lo regular suele ser el que siempre tiene el comentario chusco y la sonrisa tatuada en el rostro, en esta ocasión D estaba serio, con las manos en el rostro mirando a la mesa fijamente.</p>
<p>¿En qué orden nos pusiste?, me preguntó D quebrando su silencio. Sin dejarme responder,  R se puso de pié y fue por una servilleta, dibujando en ella las mismas letras con sus respectivas columnas, tal cual estaban en el pizarrón del jefe., separadas ahora por renglones titulados cada uno con nuestra inicial, en el estricto orden en que habíamos subido a la oficina. Justo como habíamos recibido cada uno la llamada. Las letras estaban así:</p>
<p><a href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/las-letras-malditas-pic.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-188" title="Las Letras Malditas Pic" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/las-letras-malditas-pic.jpg?w=359&#038;h=266" alt="" width="359" height="266" /></a></p>
<p>Le tomé la fotografía con el teléfono celular con el objetivo de intentar analizar después el complejo crucigrama con más calma. Confiando, sí, en que todos recordáramos con exactitud la forma en que habíamos acomodado los nombres. Confiado de nuevo en que lo escrito en este pedazo de papel fuera real. No creo haber sido el único en contemplar la posibilidad de que alguno de nosotros estuviera mintiendo. Pero desafortunadamente en ese momento sólo podía creer a ciegas. Podíamos, creer a ciegas en nosotros, en la letra escrita. Nadie conocía la verdad. El objetivo oculto detrás de ese pizarrón blanco ahora transcrito a una servilleta común y corriente. Fue entonces cuando iniciaron las conjeturas.</p>
<p>El único común denominador que nos brincó a todos a primera vista, estaba en la primer columna. La A, acompañada siempre de la letra S. ¿Por qué pusiste primero a S?, me preguntó H. Porque es la única mujer entre nosotros y para ser franco, las damas siempre van primero. Dicha lógica la habían repetido todos mis compañeros como era posible apreciarlo. Las damas van primero, incluso, ese fue el argumento de S. Tratamos de descifrar alguna otra coincidencia, pero la verdad es que todas las letras estaban muy equilibradas. Lo único que pudimos derivar de la servilleta fue que S sería la primera en morir o la primera en salvarse. No existía otra lógica.</p>
<p>El camino a casa se me hizo realmente pesado. El tráfico nocturno fluía con su habitual lentitud. Nunca pude apartar mi mente del embrollo, de la servilleta, del pizarrón, de las palabras del jefe. Por momentos se me disparaba la adrenalina al recordar el momento en que me dijo si deseaba realizar alguna modificación. <em>Puedes empezar por ti</em> me había dicho literalmente. Un rasgo muy característico del jefe es que a todos nos suele hablar entre líneas, y si bien recordaba cada uno de los testimonios de mis compañeros a nadie la había dicho que empezara por sí mismo. Esa noche la pasé muy mal, dando vueltas en la cama consecuencia de los cinco cafés que consumí finalmente y obviamente también por la idea en mi cabeza. Supuse que mis compañeros estarían igual que yo, escuchando las manecillas del reloj golpear lentamente a su paso como un tormento chino. No recuerdo el momento en que caí dormido.</p>
<p>A la mañana siguiente abrí los ojos segundos antes de que sonara el despertador. Me puse de pié, me afeité y esmeré en mi arreglo personal como quien se prepara para un evento. Eso era, un evento. Desconocido por todos. Salí de casa sin desayunar y me dirigí a la cita, siendo por fortuna el primero en llegar. Al entrar a la casa del jefe, me abrió la señora que hace el aseo, la mesa estaba puesta con esmero y de la cocina salía un aroma bastante agradable. Los pies me temblaban. Más bien, todo el cuerpo me temblaba. La señora me pidió que tomara asiento, así que escogí el lugar más cercano a la cabecera en donde siempre se sentaba el jefe. Minutos después llegó S acompañada por H, quienes se acomodaron en sus respectivos asientos, extrañados de igual manera por la ausencia del jefe en la escena. Bajará hasta que lleguen todos. Nos confirmó la señora. Mientras tanto, procedimos a servirnos jugo cada uno, en silencio, con miedo a romper el silencio. Temerosos de comentar algo que delatara nuestra junta en el café la noche anterior.</p>
<p>Cuando llegó R, la señora nos preguntó si sabíamos en dónde se encontraba D, eran ya las nueve en punto de la mañana y de sobra, sabíamos todos que al jefe lo único que de verdad podía hacerlo enojar era la impuntualidad. Tomé mi teléfono y traté de marcarle a D, sin embargo no fue necesario esperar mucho tiempo, ya que al marcar pude escuchar el timbre de su teléfono del otro lado de la puerta. Una vez que estuvimos todos sentados, la señora nos dijo que le avisaría al jefe que ya estábamos listos. ¿De verdad estábamos listos.?, ¿listos para qué?. Ahora puedo decir que nunca nadie está listo para lo que ocurrió. Han pasado dos días y todavía me siento mal por lo que presencié. Por lo que todos vivimos. En este momento sigo yo. Sé que no puedo escapar, estoy imposibilitado de hacer algo para evitarlo.</p>
<p>D se sentó en el lugar más alejado de la cabecera, se disculpó por la tardanza y nos preguntó si sabíamos algo. Todos respondimos con un movimiento de cabeza e intercambiando miradas. Escuchamos cuando la señora le dijo al jefe en el piso de arriba que ya estábamos todos sentados. Intentando agudizar mi sentido del oído, creí escuchar que el jefe le preguntaba a la mujer por algo, que si estaba listo, que era de suma importancia que estuviera encendido para seguir adelante. No alcancé a escuchar la respuesta de la mujer. Lo que sí escuché fueron los pasos del jefe, uno tras otro, lentos. Golpear cada uno de los peldaños de la escalera de madera.</p>
<p style="text-align:right;">Agosto 6, 2010</p>
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			<media:title type="html">Jaime E. Almeida</media:title>
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			<media:title type="html">Las Letras Malditas Pic</media:title>
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		<title>Confesiones Apócrifas V</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2010 21:27:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

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		<description><![CDATA[Fantasma Descansa guerra en el ojo del artista, Ruido de cañones y de balas en la habitación vacía, Sabe pues él que la luminosa arista Habrá de crear ante otros la gran duda: Saber si el pan es pan llamado poesía, Sin confundir la noche que al mar escuda, Caminar por la arena es atravesar [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=183&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Fantasma</p>
<p><a href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/la-clarividencia-1936-magritte.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-184" title="Magritte_jaiime_almeida_blog_poema" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/la-clarividencia-1936-magritte.jpg?w=300&#038;h=248" alt="" width="300" height="248" /></a></p>
<p>Descansa guerra en el ojo del artista,</p>
<p>Ruido de cañones y de balas en la habitación vacía,</p>
<p>Sabe pues él que la luminosa arista</p>
<p>Habrá de crear ante otros la gran duda:</p>
<p>Saber si el pan es pan llamado poesía,</p>
<p>Sin confundir la noche que al mar escuda,</p>
<p>Caminar por la arena es atravesar llanura</p>
<p>Y ver más allá es la creación de la gran duda.</p>
<p><span id="more-183"></span></p>
<p>Ojo siniestro varado en lo invisible,</p>
<p>Donde mira todo y todo lo desnuda</p>
<p>Que disfrazan todo lo inservible</p>
<p>Y convierten lo extraño en inservible</p>
<p>¿Pero qué la magia del autor no es la ranura</p>
<p>En donde el lápiz, el pincel o partitura</p>
<p>Toman tintes de lágrima de alegría</p>
<p>Y sin importar el medio, es la poesía?</p>
<p>Yo fantasma, heme aquí en este paradiso</p>
<p>Donde el ruido es mudo y la soledad no existe</p>
<p>Canta río de niebla tu sazón escurridizo</p>
<p>Y llévame al hogar donde el sol desviste</p>
<p>El cuerpo de mi mujer amada</p>
<p>Para pintarlo de cientos de colores</p>
<p>Como es la noche, toda iluminada</p>
<p>Y su suelo es un palacio de sabores.</p>
<p>Aquí es paradiso, detrás del universo</p>
<p>Donde existe todo lo que no se hecho</p>
<p>Son cascadas de absurdo el verso</p>
<p>Son palabras que viajan al pecho.</p>
<p>Es ironía todo en el lugar,</p>
<p>El fuego es nube y el agua sube</p>
<p>Por los ríos que no tienen final</p>
<p>Y las montañas crecientes hacia abajo.</p>
<p>Yo fantasma he perdido todo hallar</p>
<p>Junto con el aire que alguna vez contuve</p>
<p>Hasta llegar el medio día al umbral</p>
<p>Donde la vida arrebata la muerte a agasajo.</p>
<p>Voy pues, solo, fantasma al paradiso.</p>
<p>Donde el artista huye para ser</p>
<p>El mundo, él solo sin aviso</p>
<p>Aunque confieso que nunca lo he de ver.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jealmeida.wordpress.com/183/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jealmeida.wordpress.com/183/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=183&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Jaime E. Almeida</media:title>
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			<media:title type="html">Magritte_jaiime_almeida_blog_poema</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>En la oficina</title>
		<link>http://jealmeida.wordpress.com/2010/09/22/poema-en-la-oficina/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2010 16:55:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Pasa el tiempo sin saber que es tiempo Y el día avanza agujerando el estómago, Los ojos desean el respirar del sueño Y la mente anhela el pensar del campo.   Son los días, buenos, cada veinte segundos, Y raro es aquel que no saluda, Suena el paso del teclado eterno Y la cuita silenciosa [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=177&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pasa el tiempo sin saber que es tiempo</p>
<p>Y el día avanza agujerando el estómago,</p>
<p>Los ojos desean el respirar del sueño</p>
<p>Y la mente anhela el pensar del campo.</p>
<p> <span id="more-177"></span></p>
<p>Son los días, buenos, cada veinte segundos,</p>
<p>Y raro es aquel que no saluda,</p>
<p>Suena el paso del teclado eterno</p>
<p>Y la cuita silenciosa de la viuda muda.</p>
<p>Entra el cartero con una caja de sueños</p>
<p>Que ante el mundo es una luminosa sorpresa</p>
<p>&lt;regalos: seguro, de algún rico extranjero&gt;</p>
<p>Jefe: nos han llegado más facturas.</p>
<p>Así es esta oficina. Los almuerzos discretos</p>
<p>Siempre al cuarto viernes del mes,</p>
<p>Mis suspiros de nube en nube,</p>
<p>Cuando baja a saludar Inés.</p>
<p>A veces hay llantos por el amor perdido,</p>
<p>Lágrimas que mojan las hojas con membrete</p>
<p>Pero también hay romances ocultos</p>
<p>Que mojan la oficina de cómplices.</p>
<p>Pasa el tiempo sin saber que es tiempo</p>
<p>Hasta que la tarde dice hasta mañana</p>
<p>Aunque todavía falten un par de horas</p>
<p>Para que esa frase abandone los labios.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jealmeida.wordpress.com/177/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jealmeida.wordpress.com/177/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=177&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Confesiones Apcócrifas IV</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2010 05:36:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

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		<description><![CDATA[La llovizna Varonil Trabajo en una constructora. El título que ostenta mi escritorio ubicado en el remolque que está en el terreno de la construcción dice: Gerente de Obra. Aunque creo que ese título le va mejor al escritorio que a mi. Llevamos ya cuatro meses intentando levantar un edificio; y digo intentando porque el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=170&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">La llovizna Varonil</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/golconda_rene_magritte.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-171" title="golconda_rene_magritte_jaime_enrique_almeida_blog" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/09/golconda_rene_magritte.jpg?w=300&#038;h=238" alt="" width="300" height="238" /></a></p>
<p>Trabajo en una constructora. El título que ostenta mi escritorio ubicado en el remolque que está en el terreno de la construcción dice: Gerente de Obra. Aunque creo que ese título le va mejor al escritorio que a mi. Llevamos ya cuatro meses intentando levantar un edificio; y digo intentando porque el empresario que tuvo la brillante idea de crear un edificio de departamentos en esta ciudad, siempre que revisa los avances de obra nos dice que únicamente intentamos construir un edificio y no construirlo; siempre nos ha dicho que existe una gran diferencia entre intentar construir el edificio que hacerlo. Yo por supuesto, sonrío ante semejante comentario y tardo aproximadamente quince minutos en convencer al empresario que se encuentra en un error, que realmente la obra lleva avances y que se concluirá &lt;conforme al plan&gt;.</p>
<p><span id="more-170"></span></p>
<p>¿Me gusta mi trabajo? La respuesta es sí y no. Como todo en la vida hay cosas que nos gustan y otras que no tanto. Me gusta el hecho de ser el que cada viernes les paga a los albañiles. Sentir los fajos de dinero en mis manos y contarlos una y otra vez me hace sentir importante. Es como tener el poder que el empresario ostenta sin que yo sea el empresario. Me gusta igual que todo mundo hace lo que yo diga, aunque no tenga razón, porque la mayoría sabe que si me contradice en algo, seguramente no recibirá su pago la siguiente quincena o será aún más probable que no vuelva a poner un pie en la construcción. Lo que no me gusta: Levantarme temprano y el café de mi oficina que sabe a sal con agua, digo sal, porque por más que le eche azúcar nunca logro darle una consistencia merecedora del título de un buen café. Por otra parte, algo que tampoco me gusta es mi oficina, bien podría tener una oficina con aire acondicionado, ventanas que dieran hacia una avenida o un parque, una vista más apacible, pero debo conformarme con mi remolque de paredes amarillentas; detesto soportar los días calurosos, el remolque se vuelve un horno y a diferencia, los días fríos el remolque se vuelve un congelador; no hay forma de instalarle un clima artificial así que debo de aguantarme.</p>
<p>Otro detalle que no me gusta es el hecho de que los constructores, siempre a la hora de la comida se sientan cual vieja imagen de la década de los años veinte en Nueva York, en los límites de la construcción a tomar sus alimentos, y cual perros frente al escaparate de una tienda de carnes le silban y arrojan piropos desde las alturas a cuanta fémina pasa frente a la construcción. No tengo hijas, pero sólo el hecho de pensar en tener una hija que pasara todos los días frente a la construcción y que ella fuera hostigada por los silbidos y piropos de estos vagabundos me llena el cuerpo de una rabia incontenible. Varias han sido las ocasiones en que les he pedido, sobre todo a los 3 de siempre, que no hagan ese tipo de comentarios; que se dediquen a tragar sus alimentos y a proseguir con el trabajo para terminar todo &lt;conforme al plan&gt;. Sin embargo mis esfuerzos son inútiles, a lo sumo dejan de hacerlo por un par de días cuando otra vez, vuelvo a escuchar las rechiflas. Ya en una ocasión le comenté eso al empresario, le expuse que le daba mala imagen a la empresa; uno nunca sabe si alguna de esas mujeres puede ser una potencial compradora de los departamentos que construimos cuando estos estén terminados &lt;Somos hombres&gt;, me dice el empresario &lt;Siempre es bueno compartir con los amigos la belleza femenina&gt;, me dice siempre seguido de una palmada en la espalda.</p>
<p>Hoy justo a la hora de la comida nos volvió a visitar el empresario seguido de su hijo. El heredero de su gran fortuna. Me pidieron que los llevara a hacer un recorrido a detalle por el avance de la obra, orden que no pude evitar. Comentaron que una vez terminado el recorrido se irían a comer a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, supongo, a soñar un poco con el futuro de su imperio. Cuando llegamos al cuarto piso, nos encontramos a los tres de siempre con sus loncheras tomando la comida. A pesar de ser Gerente de Obra, debo confesar que siempre le he tenido cierto miedo a las alturas y que yo jamás podría comer con los pies colgados hacia el vacío. El empresario y su hijo se acercaron a los 3 trabajadores y no tuvieron reparo alguno en saludarlos de mano, a pesar que uno de ellos traía las manos negras de tierra con una especie de mayonesa barata. Justo al terminar el saludo, pasó frente al edificio una mujer con una falda azul bastante corta. Sin importar que estuviera el empresario presente junto con su hijo, los 3 albañiles no reprimieron su habitual rechifla. El empresario, muy a su estilo y completamente ajeno a la actitud y comportamiento que se esperaría de un hombre vestido de traje, soltó una gran carcajada y me dio la clásica palmada en la espalda. &lt;¿Cómo puede enojarse por algo así?, ¡si a esas piernas por más hombres que trajéramos les harían falta más silbidos y piropos!&gt;. No pude contener mi furia y empujé al empresario hacia el vacío. Éste en un intento desesperado por salvarse, tomó a su hijo del saco y lo llevó consigo. De dos movimientos hice lo mismo con los 3 albañiles, al final, me sentí muy tranquilo, en paz; aunque reconozco que ese par de piernas despertaron mi apetito.</p>
<p>21 Septiembre 2010</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jealmeida.wordpress.com/170/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jealmeida.wordpress.com/170/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=170&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Confesiones Apócrifas III</title>
		<link>http://jealmeida.wordpress.com/2010/08/19/confesiones-apocrifas-iii/</link>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 06:06:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

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		<description><![CDATA[Acceso Total Se supone que en el trabajo todos nos debemos tratar con seriedad y mucha formalidad. Yo lo hago regularmente, cuando llego siempre doy los buenos días a todo aquel que se interpone en mi camino. Una vez que llego a mi lugar y enciendo la computadora, me gusta perder el tiempo, lo confieso [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=147&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Acceso Total</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/08/roy_lichtenstein_gallery_jealmeida.jpg"><img class="size-medium wp-image-151 aligncenter" title="roy_lichtenstein_gallery_Jealmeida" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2010/08/roy_lichtenstein_gallery_jealmeida.jpg?w=296&#038;h=300" alt="Acceso Total" width="296" height="300" /></a></p>
<p>Se supone que en el trabajo todos nos debemos tratar con seriedad y mucha formalidad. Yo lo hago regularmente, cuando llego siempre doy los buenos días a todo aquel que se interpone en mi camino. Una vez que llego a mi lugar y enciendo la computadora, me gusta perder el tiempo, lo confieso y mis únicos contactos con el resto de la humanidad de la oficina son así, llenos de seriedad y formalidad.<span id="more-147"></span></p>
<p>Hoy nos presentaron a la chica nueva. La que se sentará justo enfrente de mi. La que deberá ordenar las ideas y redactar todo de una forma coherente y “llamativa” como nos lo pide siempre el jefe de redacción. Como era costumbre, la saludé con seriedad y formalidad y, a diferencia del resto de personas que habitan en la misma oficina que yo, no le dirigí una palabra en todo el día, ni la invité a comer, ni me propuse como guía de turistas del edificio. Solamente me dediqué a hacer mi trabajo sin cesar. Eso sí. Respetando mis respectivos descansos cada quince minutos. Gusto divagar en la oficina visitando páginas de chicas con poca ropa.</p>
<p>Pasó la hora de la comida y como siempre, comí solo. En mi escritorio la ensalada de col y brócoli que me preparo todos los días, ya estoy acostumbrado. Rechacé olímpicamente la invitación a comer para darle la bienvenida a la chica nueva. No gracias, tengo mucho trabajo; dije aunque todo mundo sabía que esa era la mentira más grande del día.</p>
<p>Mientras disfrutaba mi nutritiva ensalada. Caí en una página con fotos de varias chicas. Me sorprendí al ver un rostro conocido: La chica nueva. En una bañera clásica, sosteniendo el jabón entre sus manos, como si se tratara de un comercial. Quise indagar un poco más pero desafortunadamente, en la página se desplegó un aviso que me invitaba a suscribirme por una módica cantidad de pesos, si es que deseaba obtener acceso total  a las fotografías. Obviamente no me suscribí. A penas gano lo suficiente para comer ensaladas de col con brócoli. No iba  a pagar un solo peso por ver qué había debajo de las burbujas que aparecían en la fotografía.</p>
<p>Cuando regresaron todos de comer. Ninguno de mis viejos compañeros y compañeras me dirigieron la palabra, la única que me saludó fue la chica nueva. Me preguntó con la misma sonrisa estúpida con la que salía en la fotografía de Internet, por qué no los había acompañado a comer. En ese momento no pude responderle con seriedad y formalidad. Me puse de pié y de un movimiento brusco le arranqué la blusa. No pude ver todo, pero lo que vi, era muy parecido a lo que había imaginado estaría debajo de las burbujas. Me sentí contento al no haberme suscrito al Acceso Total.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jealmeida.wordpress.com/147/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jealmeida.wordpress.com/147/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=147&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Jaime E. Almeida</media:title>
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	</item>
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		<title>Perfiles Histriónicos</title>
		<link>http://jealmeida.wordpress.com/2008/12/31/perfiles-histrionicos/</link>
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		<pubDate>Wed, 31 Dec 2008 02:02:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

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		<description><![CDATA[Creo que cada quién es un actor. Algunos con mayor talento que otros, pero actores al fin. De películas con fondo y otros tantos de películas sin forma; pero actores. Yo actúo desde que tengo memoria, cuando era chico por ejemplo y deseaba que mis padres me compraran o dieran algo, actuaba de niño llorón [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=140&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><img class="size-full wp-image-143   aligncenter" title="warhol" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/12/warhol.jpg?w=450" alt="warhol"   /></p>
<p style="text-align:center;">
<p>Creo que cada quién es un actor. Algunos con mayor talento que otros, pero actores al fin. De películas con fondo y otros tantos de películas sin forma; pero actores.</p>
<p>Yo actúo desde que tengo memoria, cuando era chico por ejemplo y deseaba que mis padres me compraran o dieran algo, actuaba de niño llorón o berrinchudo, con el objetivo de obtener lo que quería. Mi tan preciado galardón; llámese un juguete o un dulce, que sabía al Óscar por el mejor actor.<span id="more-140"></span></p>
<p>Ahora que he crecido, me doy cuenta cada vez con más facilidad de los perfiles histriónicos que tenemos todos. Nadie se presenta ante el mundo tal cuál es. ¿Por qué?, quizás sea porque últimamente el ser nosotros mismos; auténticos y naturales no es muy bien visto, por aquello de que esas cosas a la antiguita ya no nos venden bien. Ahora hay queser distintos, ponernos efectos especiales, ser galanes, doncellas, no importa que sea de novela gringa de principios del siglo XX o de Balneario setentero mexicano, hay que sobresalir y conquistar la pantalla del que tenemos enfrente. Sea chica o Grande.</p>
<p>De pronto, no puedo evitar sentir ciertasosobra por eso, melancolía más bien; porque si bien antes coexistíamos en un baile de máscaras, ahora somos un baile de pantallas; un baile de espejos, hemos perdido nuestros rostros par crearnos los propios y por más benéfico que pueda parecer esto, creo que puede ser contraproducente; Me explico: Ahora yo estoy sentado en unStarbucks. no tengo ningún café a la mano, pero tengo mi Lap fuera, traigo un atuendo bastante geek y bien podría parecer estudiante universitario o trovador, un snob intelectual postmilenario, por llamarme de alguna manera; que aparente escribir en su propio blog algo que a vista de pocos puede parecer inteligente, aunque quizás, realmente yo no sea el que está en el starbucks, quizás sea nada más un chavo puber que busca llamar la atención de las chavas que le desfilan a su alrededor. Por un lado, mi perfil histriónio funciona ante ustedes; y ¿por qué no?, tal vez funcione ante una mosca fingeorgasmos que me puede ver de reojo. Actriz, al fin de cuentas.</p>
<p>Algo que me llama todavía más la atención, es que en mi nuevo trabajo; la gente parece preparar su guión; no parece, es más, lo preparan!, entran a mi oficina con la lágrima en el rostro, o algunos con el perfil ruborizado, otros con la necesidad de imploro arrugándoles las manos; y otros sencillamente, con una noticia de los avntureros y capaces que son de hacer bien su trabajo, aunque los resultados opinen tajantemente lo contrario.  Todos es como una televisión; y lo más irónic de este asuntp es que por más apoclíptico que parezca mi comentario, es más inegrado que nada. Consumo, veo tele, actúo. Es decir, soy un supermán del siglo XX, que ha hecho del signo conlectivo su medio de vida, al igual que muchos otros. Hasta hoy me ha funcionado, quién sabe si pueda seguir así.</p>
<p>Ahora bien, ¿Qué personaje representas?, ¿Qué capítulo te gusta repetir más?, hay uno seguramente favorito. ýo el de snob. pero tú? que estás ahí?&#8230;. inmóvil. Mirando la pantalla pensando en quién eres, para darte cuenta de que somos quienes nos inventamos ser y lo que hacemos para lograrlo y no lo que en el fondo siempre creimos ser&#8230;.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jealmeida.wordpress.com/140/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jealmeida.wordpress.com/140/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=140&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>¿En dónde está el erotismo?</title>
		<link>http://jealmeida.wordpress.com/2008/03/28/%c2%bfen-donde-esta-el-erotismo/</link>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 02:35:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://jealmeida.wordpress.com/?p=128</guid>
		<description><![CDATA[Hace pocos días, en una conversación con una buena amiga, saltó a la mesa el tema del erotismo. Por fortuna, la conversación no siguió el camino clásico esnobista sobre los límites de éste y la vulgaridad o la pornografía; fue orientado más hacia un aspecto de creencia, un tanto más literario. Cuando leo una novela [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=128&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0;"><span style="font-family:Times New Roman;"><a title="joel-peter-witking-erotic-erotismo.jpg" href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/joel-peter-witking-erotic-erotismo.jpg"></a></span></p>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;"><a title="joel-peter-witking-erotic-erotismo.jpg" href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/joel-peter-witking-erotic-erotismo.jpg"><img style="width:229px;height:183px;" src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/joel-peter-witking-erotic-erotismo.jpg?w=318&#038;h=257" alt="joel-peter-witking-erotic-erotismo.jpg" width="318" height="257" /></a></span></div>
<p><span style="font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0;"><span style="font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;">Hace pocos días, en una conversación con una buena amiga, saltó a la mesa el tema del erotismo. Por fortuna, la conversación no siguió el camino clásico esnobista sobre los límites de éste y la vulgaridad o la pornografía; fue orientado más hacia un aspecto de creencia, un tanto más literario. </span><span style="font-family:Times New Roman;"> </span><span style="font-family:Times New Roman;">Cuando leo una novela erótica, que puede ir desde el Marqués de Sade, hasta un encuentro sexual en la más trillada novela de Carlos Cuauhtemoc Sánchez, me doy cuenta que es la experiencia la que nos construye como seres eróticos; creando tal vez una regla, mientras más experiencia más erótico te vuelves.<span id="more-128"></span> Pero antes de adentrarme en esta idea arrojada sobre la pantalla, me gustaría primero plantear que la experiencia es un arma de doble filo; para que el erotismo se geste, depende quizás de una actitud positiva hacia nosotros mismos; de reconocernos como seres eróticos; de abandonar el lastre de la moral y arrojarla hacia detrás de los ojos. </span><span style="font-family:Times New Roman;"> </span><span style="font-family:Times New Roman;">He llegado a pensar que mientras más experiencia sexual se acumula en nuestra cartilla invisible de fornicadores compulsivos; corremos el riesgo de bloquearnos más ante los fracasos amorosos; me explico con un ejemplo: Si yo soy un varón que en su vida ha tenido x número de parejas sexuales; es más factible que conforme este número aumenta yo logre conocer más mi cuerpo; mis zonas erógenas, las palabras que me excitan y las que no. Tristemente el resabio cristiano (del que tantas veces he hablado) ha llegado a nublar esa capacidad que tenemos por asimilarnos como seres plenamente sexuales; porque en la sociedad, mientras un hombre tiene más mujeres tiene más experiencia y mientras la mujer hace lo mismo, es más puta; ocasionando que gestemos en nosotros de manera inconciente una autocensura a explotar nuestros derechos sexuales. </span><span style="font-family:Times New Roman;"> </span><span style="font-family:Times New Roman;">Factores como el miedo al vocabulario, al juicio moral, son sin duda las principales afrentas contra las que se luchan día con día, cama con cama, por decirlo de otra manera. Yo creo que eso ha hecho que el erotismo permanezca oculto; qué más da incitar a una pareja a satisfacer nuestras fantasías, ¿Qué después de todo, el origen de una fantasía no se da bajo el rechazo hacia la normalidad?, ¿Por qué resulta complicado decirle a la pareja, quiero que me hagas esto, hazme lo otro, no hagas esto, no hagas lo otro; como una guía para poder así explotar nuestras facultades eróticas y alcanzar el mejor placer que existe que es la satisfacción mental. ¿Por qué la mujer tiene miedo a decir, no tuve un orgasmo?, por qué no entonces aplicar frases como: -No tuve un orgasmo, echémosle ganas? ¿Qué no, como mencioné en un inicio, mientras más experiencia tenemos, no es más fácil descubrir nuestro yo erótico?, ¿por qué refugiarnos en el conformismo sexual?. </span><span style="font-family:Times New Roman;"> </span><span style="font-family:Times New Roman;">Complementando el punto anterior, me gustaría hablar del poder de la literatura erótica. Porque pone en nuestra mente escenarios inexistentes, pero acciones que nosotros mismos complementamos con nuestra experiencia, con ese pasado, esa cartilla. La literatura erótica, es una ventana hacia nosotros mismos, hacia experiencias que nos gustarían vivir; porque así nos diferenciamos de los animales y nos ponemos justo en el centro del signo, en su connotación, en la sangre del mismo significado. </span><span style="font-family:Times New Roman;"> </span></p>
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			<media:title type="html">Jaime E. Almeida</media:title>
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		<title>Está Lleno de Estrellas</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Mar 2008 03:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jaime E. Almeida</dc:creator>
				<category><![CDATA[Banalidades]]></category>

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		<description><![CDATA[Reflexión a la muerte de Sir. Arthur C. Clarke El día de ayer por la noche, al llegar a casa; encendí la computadora dispuesto a escribir las notas para el periódico en el que colaboro. Como es costumbre venía hablando con mi novia de algunas banalidades, de esas que se tratan diariamente entre las parejas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jealmeida.wordpress.com&amp;blog=419040&amp;post=126&amp;subd=jealmeida&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Reflexión a la muerte de Sir. Arthur C. Clarke</p>
<div><a title="arthur-c-clarke.jpg" href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/arthur-c-clarke.jpg"></a></div>
<p style="text-align:center;"><img src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/arthur-c-clarke.jpg?w=249&#038;h=184" alt="arthur-c-clarke.jpg" width="249" height="184" align="middle" /></p>
<div>El día de ayer por la noche, al llegar a casa; encendí la computadora dispuesto a escribir las notas para el periódico en el que colaboro. Como es costumbre venía hablando con mi novia de algunas banalidades, de esas que se tratan diariamente entre las parejas y en las que por más que uno se esfuerce resulta casi imposible conciliar ya que se hablan únicamente de perspectivas. Justo cuando colgamos el teléfono regresé al auto para agarrar la cajetilla de cigarros que había olvidado; al volver a la computadora me arremangué y me aflojé un poco la corbata y comencé a investigar; habrán pasado a lo sumo unos 3 minutos cuando en una página leí la noticia: Arthur C. Clarke, había muerto.<span id="more-126"></span></div>
<p>La muerte de Clarke fue una de esas muertes que se esperan, sobre todo por la avanzada edad de uno de los científicos y escritores de ciencia ficción más importantes que han pisado y pasado fugazmente por este planeta, sin embargo he de afirmar que se esperan esperando que nunca ocurran (Valga la redundancia), lo anterior lo digo porque en efecto, Clarke estaba a punto de alcanzar los noventa años y sí, desde hace un par de años había circulado información de que su salud se iba deteriorando día con día; sin embargo al relacionar la existencia de ese maestro con el tema principal de la mayoría de sus trabajos, El Universo y la bastedad del mismo, hacían crear la ilusión de que Clarke también era eterno.</p>
<p>Como muchos que conocen el trabajo del escritor, mi primer acercamiento hacia su literatura fue cuando comencé a leer 2001, Odisea del Espacio; si mal no recuerdo esa novela me la recomendó mi padre cuando en la secundaria nos dejaron leer el libro que nosotros quisiéramos y yo, en aquel entonces, entusiasmado por querer escribir historias de ciencia ficción y del universo, abordé el texto sin pensarlo dos veces.</p>
<p>Cuando uno tiene 14 años de vida y compara sus lecturas con la de los compañeros de la escuela secundaria, resulta un tanto extraño descubrir que las lecturas de mis<a title="3001-final-odyssey.jpg" href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/3001-final-odyssey.jpg"><img src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/3001-final-odyssey.thumbnail.jpg?w=450" alt="3001-final-odyssey.jpg" align="right" /></a> amigos distaban mucho de las mías, concretamente de 2001, cuando yo hablaba de que había varios sujetos en una nave espacial en una misión hacia Júpiter reposando en animación suspendida, la mayoría se burlaba de mi lectura argumentando que mi libro se parecía mucho a una historieta de superman (Hoy no le encuentro relación a ese comentario). Recuerdo que en aquellos días devoré 2001, quizás en una o dos semanas; (tiempo record para un alumno que gusta de la lectura pero que con la distracción de las mujeres con su incipiente desarrollo físico robándome la atención, era una tarea bastante loable). Posteriormente vi la película, la dirigida por Kubrik (la única al fin), y la disfruté tanto que un tiempo después, yo seguía mirando las pocas estrellas del firmamento desde el jardín, imaginándome al David Bowman, o a HALL 9000. Pero quizás, el punto que más robaba mi atención era la existencia del famoso Monolito, ¿Qué significado tenía esa piedra negra rectangular?, cuando pensaba en ella me daban escalos fríos y pensaba que quizás podría referirse a una presencia divina, una divinidad nueva, distinta, sin rostro humano pero igual de maravillosa que las descritas en el amplio número de religiones que existen o que conocía en ese entonces.</p>
<p><a title="monolite-2001.jpg" href="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/monolite-2001.jpg"><img src="http://jealmeida.files.wordpress.com/2008/03/monolite-2001.jpg?w=157&#038;h=72" alt="monolite-2001.jpg" width="157" height="72" align="left" /></a><br />
El monolito de Clarke significó algo extraño, algo que debía descifrar. Eso me llevó a leer 2010 y ver la película; adentrándome sí un tanto en los conflictos políticos de Estados Unidos y la Unión Soviética; pero sobre todo manteniendo presente la existencia del monolito, que para ese entonces ya lo ubicaba en la luna y en la tierra. Pero fue tal vez, con ésa lectura, en donde obtuve una de mis primeras experiencias estéticas, si se puede llamar de esa manera; cuando leí la frase “Dios Mío, está lleno de estrellas”, no pude contener las lágrimas, de verdad no pude, todavía al escribirla siento que la piel se me enchina y que lo ojos se humedecen y las manos me hormiguean; algo que me ocurre de igual forma aunque en menor medida al pensar que  -Todos estos mundos son suyos, excepto Europa, no traten de aterrizar ahí. Disfrútenlos sabiamente. Disfrútenlos en paz-</p>
<p>De ahí que vinieran otras lecturas del autor al que se le puede adjudicar la invención de los satélites artificiales (de la órbita satelital), o del autor que en “Los Espectros del Titanic”, escrita en la década de los años setenta, pudo predecir el tan famoso Y2K, que no se vería surgir hasta el año 1999. Por Clarke comencé a leer en inglés, cuando un amigo me regaló 2061 y 3001. No lo sé. La muerte de  Clarke me ha dolido en la parte del niño que llevo dentro, en el fragmento tan endeble que tenemos por descubrir quiénes somos en este universo. Valga saber que Sir. Arthur C. Clarke, pueda asegurarnos hoy, que en efecto, está lleno de estrellas.</p>
<p>Descanse en Paz.</p>
<div>19 Marzo 2008</div>
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