Alumbramiento

Alumbramiento
Por: Jaime Enrique Almeida Yáñez

La enfermera se levantó de su asiento. –Elisa Gómez, por favor pase- Elisa se puso de pie junto con su amiga Nora. La enfermera las hizo pasar al consultorio. –En unos minutos el doctor estará con usted- dijo la enfermera mientras Elisa con su gran vientre trataba de sentarse en la silla junto al escritorio. Nora se sentó a su lado. –Yo creo que ya te faltan a lo mucho dos meses- aseveró Nora. -Así es amiga, dos meses más o menos es lo que me han pronosticado, ya que los dolores en la espalda se me han acentuado, estoy comiendo mucho y he sentido como se mueve mi bebé cada vez más.

No cabe duda que los embarazos ayudan demasiado –comentó Nora- tú parece que has reivindicado tu camino, no sabes lo orgullosa que me siento de ser tu amiga y pronto tía de este chiquito o chiquita que tenemos aquí entre nosotras. –No entiendo ¿a qué te refieres?- -Sí lo entiendes, desde que te embarazaste te has vuelto una mujer más tranquila, dejaste de fumar, cambiaste tu alimentación y has permanecido en un mismo trabajo, verás que este bebé les viene a cambiar la vida, a tí y a Eduardo- -Pues en verdad nos cambió la vida, sabes que yo no pensaba embarazarme y creeme este niño o niña me ha ganado desde un principio ¿te acuerdas como me sentía tan triste?, pero con el paso de los días comenzamos a engranarnos, ambos hicimos un pacto, me comprometí a cuidarlo y ver por su bien ya que él nunca me pidió venir a este mundo, por eso conseguí trabajo y dejé hasta la cerveza; el doctor me ha dicho que cae bien una cerveza una vez a la semana o cada quince días pero he preferido dejar de lado esos vicios y ver por él- – Te juro que me siento muy feliz amiga, este bebé ha venido a mejorar las cosas, nos ha reencontrado como amigas, ya ves, tú vas a tener el bebé que yo aun no tengo. No sabes como me gustaría ser mamá, es un proyecto que espero no se retrace mucho, a lo sumo dos o tres años más, todo mientras no pase de los treinta, hasta los treinta y dos me permitiría tenerlo, ahora con todas esas técnicas que hay para embarazarse podría aventurarme a tenerlo hasta después de los cuarenta, pero no, no lo tendría, quiero tener juventud para disfrutarlo-

El doctor Cevallos entró al consultorio, es un hombre maduro de alrededor unos cuarenta le calcula Nora. A pesar de la larga bata blanca Nora se imaginó que tendría buena figura, por sus espaldas anchas, buena estatura y aparentemente brazos fornidos y manos grandes. -¿Cómo se ha sentido señora Gómez?- inquirió el doctor mientras se sentaba frente a su computadora y se ponía unos anteojos Armani que le hacían resaltar la claridad de sus ojos verdes. – Muy bien doctor, me he sentido más cansada por las noches, como más y el bebé también se mueve más-

Elisa continuó narrando su estado de salud y sus hábitos alimenticios mientras el doctor Cevallos escribía cada palabra que le pareciera importante en el historial clínico de Elisa. Cuando esta concluyó, el doctor habló por el intercomunicador a la enfermera para que fuera preparando el ultrasonido. Casi instantáneamente, una enfermera rechoncha y morena de gesto agradable se presentó en el consultorio y pasó a la parte trasera de éste a cumplir las instrucciones que el doctor Cevallos le daba. El doctor se puso de pie – regreso en pocos minutos en lo que la enfermera la prepara para el ultrasonido- dijo mientras avanzaba a la puerta. Nora no pudo evitar volver la mirada para verle el trasero al doctor. Quedó impactada. -Amiga este doctorcito tuyo es todo un espécimen en peligro de extinción ¿viste la calidad de nalgas que tiene?- -No, no se las vi- contestó Elisa disimulando una pequeña sonrisa ante la enfermera que ya estaba esperándola. –Pase por aquí señora- dijo la enfermera y Elisa obedeció en el acto.

Pasaron a la parte posterior del consultorio, había muchos aparatos que ni Nora ni Elisa supieron para qué eran. Elisa se recostó y la enfermera prosiguió a ponerle un líquido a lo largo del vientre-

El doctor regresó , jaló una silla y puso el monitor frente a Elisa para que pudiera ver a su hijo. Nora permaneció de pié junto a ellos. El doctor comenzó a hacer el ultrasonido. En la pantalla eran visibles ya los brazos del bebé. Elisa comenzó a derramar lágrimas al ver los pequeños deditos de los pies de su hijo. La enfermera esbozó una sonrisa y murmuró algo entre labios ¡Que bello es el milagro de la vida! o que bonita es la vida, o algo sobre la vida, algo que ni Nora ni Elisa lograron comprender. Elisa emocionada al ver a su hijo o hija que se empeñaba en ocultar el sexo, volvió a ver a Nora, esta no prestaba la menor atención a la pantalla, estaba abstraída completamente mirando los brazos, las manos y los ojos verdes del doctor. Tenía la mirada desorbitada, Nora veía esos brazos y se imaginaba que le acariciaban los pechos, deseaba tomarlos, arrebatarlos del vientre de Elisa. Mientras tanto, Elisa con un sentimiento extraño, miró como Nora cono los ojos cerrados movía el cuerpo, era gracioso ver como las manos de Nora subían y bajaban pos su cintura en una especie de trance de excitación.

El ultrasonido concluyó, la enfermera le dio a Elisa unas toallas especiales para que se limpiara los residuos del líquido que le había puesto. El doctor se sentó en la silla de su escritorio y mandó imprimir una serie de instrucciones que Elisa debía seguir al pie de la letra. El doctor Cevallos entregó la receta a Elisa y le dio la mano. –Programaremos la cesárea para el día cuatro de Mayo a las ocho de la mañana.- -Me parece perfecto doctor- contestó Elisa. – Igualmente señora Gómez no olvide nuestra próxima cita, pase con la enfermera para programarla quiero verla la próxima semana- – Sí doctor, ahorita que salgamos programo la próxima cita- El doctor Cevallos se puso de pié, igualmente Elisa y Nora, el doctor le dio la mano a Elisa y le regaló una sonrisa, a su vez Nora cuando sintió la mano del doctor comenzó a sentir una extraña sensación en su cuerpo, la mano era grande y apretaba la suya con suavidad y a la vez con fuerza. Nora le ofreció una mirada coqueta al médico mientras miraba los grandes ojos verdes detrás de los anteojos. –Que tengan bonita tarde- dijo el doctor mientras ambas mujeres salían seguidas por la enfermera.

Se pararon junto a la recepción. –Yo necesito un hombre así- le dijo Nora a Elisa mientras esta pagaba la cuenta. -¿le has visto las manos?, como quisiera que mi vientre hubiera sido el tuyo, para que me acariciara, lo voy a hacer mi ginecólogo de cabecera.- dijo Nora, -es más (continuó) ahorita mismos voy a pedir una cita con él para mañana- -No seas atrabancada amiga- contestó Elia. –Quiero que mi hijo tenga esos brazos y esos profundos y grandes ojos verdes, debo mejorar la raza- -Ya te dije que no estés de loca amiga- contestó Elisa mientras guardaba el cambio. – Eso dices tú, no pensaste en tu hijo cuando te casaste con Eduardo, con todo respeto, tu esposo no tiene las espaldas anchas, no tiene las manos grandes, no usa lentes Armani y no tiene los ojos verdes- Elisa guardó la cartera en la bolsa, disimuló nuevamente una ligera sonrisa, tomó por un brazo a Nora y le dijo al oído: -Es cierto, Eduardo no tiene los ojos verdes, pero creeme Nora, mi hijo los tendrá-

Mayo 2005

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Una respuesta to “Alumbramiento”

  1. skene Says:

    soaps¡¡ yo tambien me llamo elisa ja! como esta señor jorge, probablemente no se acuerde . . a menso que le diga que estaba yo todos los dias en una mesita fuera de un salon de conferencias en el festival de la palabra
    Luis e paso su blogg . . . ahi le dejo el mio.

    Cuidese.

    http://escenaskene.blogspot.com–>

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