Tu última carta

“Mis pasos en esta calle, resuenan en otra calle
donde oigo mis pasos pasar en esta calle
donde sólo es real la niebla”
Octavio Paz

I

Su mujer le ha pedido que limpie el desván. En dos días, tienen que dejar la casa libre, su hijo ha sido aceptado en un importante hospital de Villahermosa y les ha pedido a sus padres que se muden cerca de él y su recientemente contraída esposa.

Sube al desván y comienza a meter en bolsas de basura el sin fin de cosas inservibles llenas de recuerdos que no valen la pena conservar. Lleva toda la mañana y parte de la tarde ahí. La primer bolsa que logró llenar fue la de ropa de bebé, ¿Por qué habrá tanta ropa de bebé si no tenemos nietos?, se pregunta el hombre al cerrar finalmente la bolsa con un nudo en la parte superior. Su esposa, a eso de las cuatro de la tarde, le subió un poco de limonada y no pudo evitar emitir críticas al trabajo de su marido:

– ¿qué le hiciste a la ropita del bebé?-
– la tiré, no tenemos bebés en la casa, ¿de qué nos puede servir?-
– no puedo creer que seas tan insensible, es la ropita de Fernando, ¿crees que a Mónica no le gustaría conservar la ropa que usó su esposo cuando era apenas un bebecito?-
– Pues no creo que le encuentre utilidad. ¿Segura que es la ropa de Fernando?-

El viejo bebe en dos tragos la limonada. Ha terminado con el resto de la ropa, ahora necesita continuar con la loable tarea de deshacerse y ordenar cientos de objetos que él y su esposa han almacenado en treinta y cinco años de matrimonio.

En una de la esquinas, descubre entre telarañas y polvo viejos marcos. Son diplomas que traen su nombre, pero le parecen ajenos. Después de hacer un gran esfuerzo por recordar, logra traer a su mente los años que han transcurrido desde que salió de la facultad de medicina: treinta y cinco años. Junto con ese diploma, están otros de cursos que tomó en otros estados de la república, algunos dicen: -Por su memorable ponencia- Cuenta los diplomas que suman en total veintiocho, pero no recuerda nada, se siente desesperado, porque su memoria a penas y logra tomar del pasado alguna imagen vacía, todos los diplomas son muestra de su existencia, aunque para él, en este instante de su vida no tengan valor alguno.

Después de tirar todos los diplomas, se encuentra con una caja llena de fotografías viejas. En ellas aparecen su esposa, su hijo y él, pero no logra recordar nada. Es como si la persona que aparece en las fotografías fuera otra, un usurpador de su vida, alguien que procreó a un renombrado médico y que ha logrado sostener un feliz matrimonio con una mujer hermosa.

Es desesperante, otra vez la amnesia lo hace su presa. ¿cómo enfrentarse a la imagen propia cuando su mente ni siquiera es capaz de reconocerse a sí mismo?, ¿cómo remendar los huecos de una vida que pareciera ser próspera y llena de recuerdos felices?. Jala sus cabellos blancos con ambas manos y arroja las fotografías contra la pared. Intenta remontarse al pasado, toma una fotografía en la cual está su hijo pequeño vestido con un comando blanco y su esposa con una falda café con flores. No hay recuerdos, solamente imágenes vagas de aquel momento, pero nada más, no puede aferrarse a alguna clave que lo lleve a recordar ese trozo de historia de su vida, esa vida que solamente le llega en retazos, mismos que no logra saber si son conscientes o son inventos que su memoria crea para rellenar esos espacios. Piensa que es inútil seguir intentando recordar, se sabe incapaz de lograrlo. Una lágrima le escurre por su arrugado rostro, no sabe por qué llora, nada más es una lágrima que resbala librando los surcos de su piel. Una mano arrugada lo toma del hombro.

– ¿qué pasa?, ¿por qué lloras? – le dice su esposa
– por nada, ¿no puedo llorar? –
– Vas a ver que en el hospital te curan, Fernandito tiene mucha fe en que los doctores van a lograr que recuerdes lo que has olvidado-
– ¿cómo crees que lo logren?, no pueden hacerme vivir nuevamente-
– Tranquilo, necesitas medicamentos, poco a poco verás que recuerdas-
– Pero mientras, ¿qué puedo hacer?, te veo joven en esta fotografía pero ya no puedo recordarte así, veo a Fernando en ese trajecito blanco, me veo abrazándote lleno de alegría, sin preocupaciones-
– Debes descansar mi amor- Le dice su esposa tomándolo de la mano
– No quiero descansar, quiero saber qué fue de mí, de nosotros, de todo aquello que me hizo estar aquí-
– Mira, no soy doctora y no puedo decirte lo que tienes, pero si te tranquiliza, ¿sabes que recuerdo del día en que tomaron esa fotografía?-
– Seguramente todo lo que yo he olvidado-
– Te equivocas, tengo imágenes vagas y eso es todo, pero lo que en verdad me conmueve no es el recuerdo de ese día, sino que al ver esta fotografía, mi cuerpo siente algo en mi mejilla-
– ¿qué puede ser eso?-
– Cierra los ojos, no pienses, deja que tu cuerpo sienta, la memoria no lo es todo, la piel tiene su propia memoria, su propia historia. ¿Sabes que recuerda mi piel?-
– ¿qué recuerda?-
– Estoy segura que después que tomaron esa foto, Fernandito me dio un beso en la mejilla, lo sé porque siento un cosquilleo en la cara y aunque no lo puedo ver con claridad, sé que él me beso ese día, con la boca llena dulce dejándome pegajosa. Creo que debes intentarlo, los límites de la mente son los terrenos de la piel-

Ha guardado todas las fotografías en la pequeña caja donde las encontró. Pasó el resto de la tarde observándolas, cerrando los ojos y tratando de sentir, no pensar, dejándose llevar por la memoria del cuerpo pero le fue inútil.

II

Mañana sale el avión a Villahermosa, hoy por la tarde llegan los camiones de la mudanza. Habló por teléfono con su hijo y le hizo saber nuevamente la gran emoción que siente por su reciente logro. También habló con Mónica, le pareció que su nuera está más emocionada por el cambio de domicilio que su propio hijo. Cuando colgó, su esposa le pidió que terminara con la limpieza del desván, le dijo que es necesario que se apure porque no quiere olvidar nada. Él al escuchar la palabra olvido se sintió ofendido, ¿cómo puede olvidar lo que ya ha olvidado?, no quiso hacer caso, ni enojarse con su mujer, él sabe que no debe ser sencillo lidiar con una persona en sus condiciones.

Al llegar al desván, se alegra al notar que faltan pocas cosas por guardar. Solamente es necesario revisar un viejo baúl color azul marino y algunas bolsas con chucherías. Primero revisa las bolsas, en un principio trata de ver el valor de uso de cada cosa, pero le da flojera, sabe que si por algo están ahí, es porque son inservibles. Posteriormente abre el baúl, en él encuentra viejas fotografías cuando era muy joven y soltero. Aunque no logra recordar nada de lo que aparece en las fotografías, comienza a reír, porque descubre en ellas a viejos amigos que su memoria aun no ha sepultado. ¿Acaso su esposa tiene razón?, ¿cómo es posible que una fotografía la arranque una risa instantánea sin siquiera saber por qué se ríe?. Revisa las fechas de las fotografías, la mayoría de estas fueron tomadas entre el año 2000 y el 2005, hace casi cuarenta años. Piensa que quiere conservar el baúl intacto, en él descubre una pañoleta de Scout, algunas revistas y periódicos de la época.

En el fondo del baúl, encuentra una jícara que trae tallado de forma muy artesanal la leyenda: Villahermosa Tabasco. ¿ha estado antes en Villahermosa?, si no, ¿cómo es posible que tenga un recuerdo de aquel lugar?. Se esfuerza por evocar algo de Tabasco, pero no lo logra. Dentro de la jícara haya una fotografía doblada, en ella aparece él muy joven, con otra mujer sumamente hermosa. En la parte trasera de la imagen hay una leyenda: “Gracias por amarme de la forma en que lo haces. Denise, Vhsa, Tab. Enero 2003”. ¿qué significa esto?. Por un momento cree que todo se puede tratar de una mala broma, él nunca ha estado en Tabasco, ¿o sí?, no, no puede ser, el que está en Tabasco es su hijo Fernando, su único hijo, el que está casado con una tabasqueña de nombre Mónica, no Denise. Intenta tomar aliento, sabe que su mente no le proporcionará la información que necesita, así que decide relajarse, respira profundamente y observa la fotografía. Dentro de todo, hay algo que le parece familiar, quizá sea la belleza de la mujer que le sostiene la mano, parados frente a una laguna enorme que refleja el cielo azul y algunas nubes. ¿Quién es Denise?. Súbitamente percibe una brisa muy fresca que le golpea la espalda, es algo placentero, digno de disfrutarse, pero ¿de dónde proviene esa brisa? Tan ajeno al desván puesto que la habitación no tiene ventanas, ni ningún tipo de ventilación, ¿entonces?, ¿será su cuerpo el que le habla?, ¿el que ha viajado en el tiempo y le lleva las sensaciones que tuvo cuando fue tomada la fotografía?

Se siente intrigado por el nombre, pero ya es muy tarde, la mudanza está a punto de llegar y de hecho, justo después de guardar la fotografía en la jícara, llega. Los hombres obesos de la mudanza suben a los grandes camiones: la sala, el comedor y el resto de los muebles. De igual forma, su esposa le indica a los hombres, las bolsas que deben subir a los camiones. Acompaña a uno de los hombres hasta el desván que ya está completamente desalojado. Nada más queda el baúl azul marino. El hombre le pregunta si quiere que lo baje, a lo que el responde que sí, toma la jícara con la fotografía que ha dejado a un lado de éste y la guarda hasta el fondo, pero su mano roza un papel, mismo que él agarra y lo saca: es un sobre. Cierra el baúl sin guardar el sobre y le pide al hombre que se lo lleve.

Ya es de noche, su esposa argumenta demasiado cansancio y se va a dormir en un colchón que han colocado en el suelo de su recámara. El colchón es lo único que va a quedarse en la casa, nada más, todas las demás cosas se mudan con ellos ha Villahermosa. Él no puede dormir, aunque se siente cansado la imagen de Denise se le ha arraigado en la mente. Pero es una imagen vaga, difusa, la misma que vio en la fotografía. Es como si se viera con una persona con la que nunca ha estado, una especie de fantasma del tiempo o alguna sombra de los laberintos de su existencia. No puede seguir en la casa, le dice a su esposa que irá en busca de un café.

-No te preocupes, no tardaré mucho-

Llega a una tienda abierta veinticuatro horas, tiene que pedirle ayuda al encargado porque no sabe cómo utilizar la moderna máquina de café. Una vez servido, lo paga y se sienta en una de las mesitas de plástico, saca la carta, enciende un cigarro y le da un trago al café. Mira el sobre, está amarillo, de él emana un singular olor a viejo, pero la tinta es legible, como si hubiera sido escrita el día anterior, en ella está escrita su nombre completo y una dirección del Estado de México, así como el remitente trae escrita una dirección de Villahermosa. Saca la carta del sobre y la lee:

>No resisto más Fernando, esta maldita distancia nos está aniquilando y lo que más odio es que no hagas nada para remediarlo. Te dije que esperaría y lo he hecho, pero tú sigues sin encontrar trabajo y no pareces hacer el menor esfuerzo por encontrar uno. ¿qué puedes ofrecerme?, ¿amor, cariño?, bien sabes que de eso no podemos comer.

Ya no es suficiente con que vengas a verme una vez al mes, estoy cansada y desgastada. Odio esas malditas despedidas en los aeropuertos y en la central de camiones. Siempre me pides que espere, que tenga esperanza, pero creeme, ya la he perdido.

No puedo negar que aun te amo, eres un hombre magnífico, uno de los mejores seres humanos que he conocido, pero ¿realmente eres así?, ¿cómo saber quién eres en verdad si solamente te veo cuatro días por mes?. Discúlpame pero ya no resisto, creo que eres un mediocre, no haces nada por tu vida y no haces nada por nosotros. Si verdaderamente me amaras, estoy segura que ya tendrías trabajo y ya hubieras venido por mí, por eso, me haces pensar que no te importo y para serte sincera, tú ya no me importas más.

Con todo mi corazón, espero no volver a verte
Denise >

Su mente da vueltas. Al leer la carta sintió dolor, pero un dolor raro, como si ya lo hubiera sentido antes. Las palabras que ha leído le parecen ajenas y a la vez muy personales. Es como si hubieran sido escritas para alguien más, pero que al mismo tiempo, él las sintiera. Ahora sabe que Denise lo amó, que es una mujer tabasqueña a la que él visitaba una vez al mes. Pero no tiene más información, nada más ese pedazo de papel y ese sobre con un remitente. Sabe que no volvió a ver a esa tal Denise, lo sabe porque su forma de ser le indica que no la hubiera buscado, que habría sido inútil aferrarse a un trozo de existencia. No recuerda nada más, le resulta frustrante haber sido rechazado de tal forma y que él no hubiera hecho nada para remendar las cosas y permanecer como un mediocre conformista.

III

El avión despegó a las once de la mañana y aterrizó a las once y media. No deja de sorprenderse por la eficiencia y puntualidad de los vuelos. Guardó la carta en la bolsa interna de su saco y ahí permaneció todo el vuelo. No le comentó nada a su esposa, piensa que aunque quisiera comentarle algo, ella no sabría nada, sería inútil tratar de pedirle ayuda. ¿ella qué podría decirle?, ¿cierra los ojos y trata de sentir la forma en que te besaba la tal Denise?. Prefiere evitar conflictos de ese estilo, si hay alguna enseñanza que no ha podido olvidar de la vida es que no importa cuanto tiempo se esté con una mujer, siempre es necesario hacerla sentir única, de lo contrario los hombres pueden meterse en el sinuoso bosque de los sentimientos femeninos en el que es muy difícil sobrevivir.

Guardó silencio mientras miraba por la ventanilla del avión moverse a las nubes con velocidad. Hay algo en el ambiente que no le permite superar lo que leyó, sobre todo cuando una de las sobrecargos se acercó para ofrecerle jugo de naranja y él leyó que en la solapa del uniforme de la mujer estaba escrito el nombre: Denise.

No puede descartar la teoría de que todo sea una broma. De haber amado a alguien con tal magnitud lo recordaría. Sin embargo, ese hipótesis es muy endeble, puesto que no recuerda ni siquiera la infancia de su hijo, ni su boda, nada. A lo sumo tiene pequeñas imágenes de la boda de su hijo, pero eso sucedió hace poco tiempo.

En el aeropuerto, Fernando y Mónica los recibieron calurosamente. Abrazos, besos y felicitaciones por el nuevo trabajo de su hijo. Los llevaron a conocer la que sería su nueva casa, misma que resultó estar en una fraccionamiento muy elegante, con una alberca enorme que compartirían con el resto de los vecinos. Mónica les dijo que la mudanza había dejado todo en la casa y que había contratado a dos cargadores que les ayudarían a acomodar los muebles, pero eso sucedería hasta las tres de la tarde, mientras tanto, Fernando y Mónica los invitaron a desayunar.

A las tres de la tarde exploraron su nueva casa, por instantes él se sintió inútil y desplazado. Su esposa y Mónica habían tomado el control del asunto, así que no le quedó más opción que sentarse en un sillón para apreciar la danza que pondría orden a su nuevo hogar.

Salió de la casa para sentarse a un lado de la alberca, el calor le pareció asfixiante, miró el reloj y notó que ya eran las cinco de la tarde. Percibió cómo su cuerpo recordaba que alguna vez ya había sentido un calor tan húmedo, pero no logró saber el por qué ni el cuándo. Era como si el ambiente de Villahermosa lo saludara, le dijera que alguna vez ya hubiera estado allí.

Entró a la casa para recoger su saco y tomar la carta. Su esposa y Mónica estaban abstraídas completamente en la labor de dar órdenes a los transpirados hombres. Él regresó a la albera y miró el remitente del sobre. –Si yo compartí mi vida con una Denise de Tabasco, es muy probable que ella siga aquí. ¿qué habrá sido de ella?, seguramente está igual de vieja y arrugada que yo, solamente espero que no me haya olvidado, porque entonces sí no voy a poder darle un orden a mis ideas-

Le dice a su esposa que irá a visitar a Fernando al hospital, Mónica le hace saber que Fernando se encuentra sumamente ocupado y que es probable que no lo pueda atender. Él sin hacer caso a tal advertencia sale de la casa, va con el cuidador del fraccionamiento y le pide que le ordene un taxi, esta decidido a resolver de una vez por todas el enigma tan oscuro que resulta ser Denise.

Sube al taxi y le muestra al chofer la dirección del sobre. Está atardeciendo y la selvática ciudad se encuentra llena de tránsito. De pronto, al estar frente al museo de la Venta, la sangre se le empieza a agolpar, le zumban los oídos y un escalofrío lo recorre por todo el cuerpo. Está escuchando cantar a cientos de aves negras. El taxista le dice que es algo que no le deja de impactar, dice que todos los días al aproximarse el atardecer, todas esas aves comienzan a volar en círculos haciendo ese singular ruido que parece un canto y que se esparce en el eco de los edificios que están a un costado de la avenida. Él no puede controlarse, el taxista le pregunta si se siente bien, pero no puede responderle, de alguna forma sus oídos le dicen que ya ha escuchado el canto de esas aves.

Pasan junto al río Grijalva y el taxista da vuelta en una calle un tanto angosta.

– Esta es la calle señor, pero no veo el número que usted me refiere-
– No se preocupe, déjeme aquí, ya sé donde es- dice mintiendo.

Paga el importe que le solicita el taxista y baja del auto. Desconoce completamente el lugar en el que se encuentra parado. Pero sabe de alguna forma que ya ha pisado ese suelo. Voltea a ver al caudaloso río Grijalva y siente como los brazos le pesan, como si hubiera cargado algo, pero piensa que no pudo haberse cansado tanto por el simple hecho de haber ayudado a los de la mudanza a cargar un par de sillas.

Después de caminar analizando meticulosamente cada una de las fachadas, llega a una casa vieja sin número, abandonada. Vuelve a observar el resto de las casa pero ninguna le parece familiar, piensa que lo más seguro es que la tal Denise jamás existió. Sin embargo, se para junto a la casa vieja que parece abandonada, nota que no hay puerta, la casa está rodeada de tablones mal clavados. Siente demasiado calor, se recarga en uno de los tablones en lo que en alguna época fue una puerta y nuevamente la sangre se le agolpa en el pecho. Siente un extraño hormigueo en los labios y las manos le comienzan a transpirar. –aquí te besé- dice, está seguro de haber besado a alguien ahí, en el umbral de esa puerta destruida.

Siente necesidad de entrar, de seguir indagando su pasado y resolver el enigma de Denise. Nota que las ventanas de la casa están destruidas, en los maceteros no hay más que hierba que crece sin forma y se extiende por gran parte de la pared. Hay una segunda puerta, al pararse junto a ella, comienza a sentir como su pene trata de tener una erección, está excitado sin razón alguna, por las manos le recorre la sensación de tocar algo suave, muy blando, como los pechos de una mujer. No puede esperar, su cuerpo le dice que va por el lugar correcto y de un golpe derriba la maltrecha puerta llena de hongos.

La casa está oscura, hay unas grandes cortinas desgarradas que permiten levemente el paso de la luz. Trata de recordar el lugar pero le es imposible. No hay nada, ni fotografías en las paredes, ni una mesa en la que recuerde haber comido, nada. Solamente existe un calor muy penetrante que lo obliga a desabotonarse la camisa y al hacerlo, su cerebro comienza dar vueltas. Súbitamente ve como la camisa está en el suelo, la casa está amueblada, las cortinas parecen nuevas y dejan colar la luz que ilumina la habitación. Escucha la risa de una mujer. Camina sin camisa por un pequeño pasillo que lleva a unas escaleras, en ellas ve que hay una falda tirada en el suelo, en las paredes hay marcos con fotografías, ahí está él, abrazando a Denise. La casa está oscura. Tiene la camisa puesta, las paredes del cubo de la escalera están despintadas, llenas de polvo, no hay fotografías. Sigue subiendo, al llegar al descanso de las escaleras siente que su mejilla le arde. Ahí está nuevamente Denise con la cara hinchada, parece que llora, grita palabras que él no puede entender. Lo golpea nuevamente y él le sostiene las manos con fuerza. –Eres una maldita- Grita. Su voz choca contra el eco de la solitaria casa, está solo, transpirando en el cubo de la escalera. Se siente desesperado, no sabe lo qué está sucediendo.

Continua caminando, ha subido las escaleras y se encuentra con otro pasillo angosto, en la primer puerta hay un baño. La taza del sanitario está rota al igual que un espejo donde se mira, tiene los cabellos blancos y la cara llena de arrugas, cierra los ojos, trata de tranquilizarse, respira profundamente. Al abrir los ojos, se ve joven, con el cabello negro y abundante, el espejo no está roto, parece estar empañado. Se ve desnudo, gira la cara y ve tras la cortina de la regadera la silueta de una mujer desnuda. Escucha el agua chocar contra el suelo. Camina hacia la cortina de la regadera, -apúrate, el agua está muy rica- escucha que le dicen. Abre la cortina del baño. No hay nadie. Las lozas están destruidas y llenas de moho.

Sale del baño, está desconcertado. Avanza por el estrecho pasillo y llega a una habitación. Al abrir la puerta ve que la duela del suelo está nueva, ve una cama enorme, en ella reconoce finalmente a Denise, desnuda, sonriente. Él se mira a sí mismo desnudo, con el cuerpo joven, sin barriga, los brazos fuertes. No hay cama, la habitación está vacía, la duela sucia y vieja. Comienza a llorar, no sabe lo que pasa, se golpea con una mano en la cabeza, siente la necesidad de salir de ahí pero algo se lo impide. Da un paso, tiene miedo de seguir avanzando, da otro paso y escucha como la madera cruje, da otro paso, algo sucede, una parte del suelo está hueco. Se tira al suelo, con las manos trata de arrancar la duela, se las lastima, las manos le arden y se manchan con su propia sangre. Al quitar el último trozo de madera, ve que debajo hay un enorme frasco. Ahí está la cabeza de Denise, deforme, reposando en formol. Antes de desmayarse, alcanza a decir en un lastimoso susurro -¿Cómo pude olvidar lo que había hecho contigo? –

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Una respuesta to “Tu última carta”

  1. Adrián González Valencia Says:

    Señor, me gustó todavía más que “Los Amantes”. Resumo esta historia de la siguiente manera: la mente es poderosa y la memoria difusa, pero los hechos son irrefutables.

    Buen día,–>

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