En medio de ninguna parte

Nunca antes me había visto en la necesidad de convivir con tanta proximidad a los medios, de platicar con la gente que me rodea, de debatir sobre los intereses y el futuro de México. Durante los últimos meses, me vi enfrascado en profundas discusiones con personas que no pensaban igual que yo, que tildaban a Andrés Manuel como un peligro para el país, un mentiroso, un tipo que de llegar a la silla presidencial, causaría la mayor crisis económica de México. Yo lo defendí, y traté de no hacerlo a la ligera, por todos mis medios intenté documentarme para no caer en el vicio de una conversación guiada por los impulsos y el fanatismo. Llegaron las elecciones y ocurrió lo que muchos suponíamos, llegué a pensar que mi voto había sido robado, que la democracia  no funcionaba y que las instituciones eran sólo unas pantallas de plasma en escaparates bonitos.

Posteriormente, la vida se hizo más dura, aquellos canales de comunicación que permanecieron abiertos con personas que sostenían opiniones distintas a la mía, se fueron cerrando, como si la gente viera en la democracia una votación que no va más allá de depositar una boleta en una urna. La cerrazón comenzó a ser el estandarte de muchos que defendían su voto sin siquiera saber por qué lo habían hecho. Por varios medios intenté abrir esos canales a pesar de las consecuencias, me rotulé en la frente la obligación ciudadana de crear una democracia sustentada en el debate y la apertura ideológica. Hoy empiezo a dudar, cuando veo que Andrés Manuel se declara “Presidente Legítimo”, cuando leo un artículo de Denise Dresser que manifiesta sensaciones semejantes a las mías. Sigo creyendo fielmente que el país necesita de un modificación paulatina, que la pobreza ha sido a lo largo de la historia una realidad continua, un mal presente en todo momento. Sigo creyendo que los intereses económicos no deben estar por encima de los sociales, ni que los bolsillos saturados de unos cuantos, signifiquen el vacío estomacal e intelectual para tantos otros.

Pero ¿qué hacer?, cuando el discurso de Andrés Manuel es coherente en estos puntos, pero contradictorio en tantos otros. Si se plantean que fueron poco más de doscientos mil votos “robados”, ¿Qué respaldo puede tener una cifra tan endeble?, cuando veo que la clase media es una clase del miedo, que se sabe conservadora por comodidad, que despilfarra el dinero en placeres banales y no en fomentarse una instrucción, que vive despreocupada dejando que otros los manipulen. Personas que les importa poco una ley Televisa, o las erratas ignominiosas de un personaje que en lugar de parecer presidente, parece el integrante principal de un reality show. Cuando los veo, pienso con tristeza que no existió un fraude, porque así como existe tanta gente que vive en la miseria, hay muchas personas, sobre todo jóvenes, que votaron sin saber lo que hacían. Dicen que la juventud debe marcar una diferencia y creo que finalmente la han puesto en manifiesto. Por ello no asistí hoy a la Convención Nacional Democrática, por mis dudas, a pesar de estar respaldado por tantas personas inteligentes, talentosas y preparadas que admiro y respeto profundamente.

Ahora nos enfrentaremos a lo mismo, de ambos bandos. Por un lado, la pasarela presidencial, corrupta y desdeñable, el espurio recinto de sanguijuelas que existe en el poder legislativo y la aparente batalla contra el narcotráfico y la pobreza. Por el otro, el discurso de la esperanza, que lo considero arcaico pero lo sé eficiente. El camino es ríspido, casi intransitable y pienso con un profundo dolor que el país se encuentra en medio de ninguna parte.

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Una respuesta to “En medio de ninguna parte”

  1. Leticia Says:

    ¡Hola!!!!!

    Me agrado de sobremanera este artículo ya que, a pesar de que yo sí vote a favor del actual Presidente electo, no por ello dejo de ver que no es el mesías que sacara a este pueblo de pulgas que estamos acostumbrados a seguir a los perros.

    Aún así amo a México y sé que muy a mi pesar sigue habiendo el interes de unos pocos que se seguiran enriqueciendo y que seguiran vendiendo nuestro a país para comodidad de unos cuantos a Estados Unidos y seguiremos viviendo en un país de cinicos.

    No por ello dejo de lado mi responsabilidad y si hago algo es prepararme para defender mis convicciones.

    Me despido y te envio un saludo.

    Atte:
    Leticia (Imago).

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