Souvenir

Me dijeron que pasara a recogerlo a las tres de la tarde. Tomé el camión que lleva por la ruta quince al cuarto para las dos, tenía tiempo de sobra ya que la casa a la que me dirigía queda relativamente cerca. Es un edificio de cinco pisos con veinte departamentos, yo antes vivía ahí, pero por situaciones laborales me tuve que mudar a una casita con jardín, no porque no me alcanzara para pagar la renta, sino porque era necesario escapar de ese lugar, muchas veces los vecinos son demasiado entrometidos y preferí evitarme conflictos. No me gusta que violen mi intimidad.

Tuve un pequeño altercado con el chofer del camión, él insistía que no le había pagado mi cuota al subir, al final de cuentas se la tuve que pagar, no sin antes sorprenderme, ¿Cómo era posible que el chofer se hubiera dado cuenta que no pagué mi pasaje?, en verdad que solamente por eso se lo pagué, era un chofer distinto, de esos que conocen bien su trabajo y, ni modo, hay que respetar el trabajo de las personas.

Una vez que bajé del camión, tuve que caminar tres cuadras antes de llegar a mi ex edificio. Mientras caminaba, comencé a creer que era imposible que yo hubiera vivido en una zona tan fea, ya se imaginarán, hay coches abandonados llenos de basura a lo largo de la calle, las paredes de los edificios viejos están todas pintadas con aerosol. Antes cuando yo solía pintar, recuerdo que me pasaba toda la noche planeando el dibujo que haría y la forma en que sería más fácil plasmarlo, por aquello que una patrulla se acercara para llevarme a la delegación; pero ahora, solamente hay nombres rayados por todas partes, algunos con garabatos ilegibles tratando de mostrar cierta anarquía, pero a eso yo no lo llamaría anarquía, porque esa gente no tiene nada de qué quejarse, no promueven un verdadero levantamiento contra el gobierno ni nada por el estilo, nada más se quejan. Creo que el único significado que pueden tener los garabatos es el de vandalismo porque yo los he visto muchas veces, la mayoría son chavos que no alcanzan ni los dieciocho, vienen y rayan para después salir corriendo, como si todo fuera una simple travesura. Son de esos que se la pasan quejando del gobierno y de la sociedad, es por eso que crean sus grupitos para protestar contra algo que ni ellos mismos saben lo que es. Eso es todo, protestar por protestar, creo que es lo único que se le da bien a la gente de mi país.

Llegué a la entrada del edificio a las tres en punto, quise hacer tiempo y prendí un cigarro, después de todo, ¿Qué más daba esperar diez minutos?,  Mi souvenir no iría a ninguna parte. Nunca pensé que algún día pescaría algo así, fue lo que menos imaginé lograr cuando se me metió la idea de irme de vacaciones, pero ya ven, siempre que uno sale de su casa, es capaz de lograr cosas que jamás creyó posibles.

Justo cuando le di la cuarta fumada a mi cigarro, bajó el señor gordo del primer piso, siempre con su boina roja, rayada y pestilente, junto con esa camisa a cuadros que siempre le vi usar desde que viví en este edificio. Lo saludé amablemente esperando que me recordara, pero no me contestó el saludo, y la verdad no me enojé, no tenía por qué hacerlo, seguramente ya estará por iniciar su turno en el taxi. ¿Cómo olvidarlo?; ya no recuerdo cuántas veces esperé con ansias que el reloj marcara las tres de la tarde, sobre todo esa vez en que tuve que esperar por más de una hora, ya que el maldito gordo de la boina se quedó dormido y no había forma en que Lupita me recibiera. Verdaderamente jamás entendí cómo es que un hombre tan feo puede tener una hija tan bonita, pero hace ya algunos años de eso, supongo que Lupita ya estará grande, seguramente ya se casó, las mujeres por estos rumbos se casan muy jóvenes, siempre por la misma razón: embarazo, y de ahí se crea el círculo vicioso de siempre, porque los tipos que las embarazan, no tienen en qué caerse muertos ya que eso de rayar paredes y huir de la escuela no es un oficio que sea bien remunerado. Quién sabe qué habrá sido de Lupita, en fin, la vida sigue y da tantas vueltas que heme en mi viejo edifico esperando a que me entreguen mi souvenir.

Una vez que me terminé el cigarro, decidí subir al cuarto piso. Ya no me dejé sorprender por las condiciones en las que se encontraba éste, puesto que hacía dos días que había pasado a dejar mi souvenir para que lo arreglaran: las paredes llenas de moho, las escaleras apestando a humedad y un olor a tabaco rancio impregnado en todas partes, algo sumamente asqueroso. Toqué  la puerta del departamento quince y nadie contestó, toqué con más fuerza, dos y tres veces pero obtuve la misma respuesta.  Justo cuando estaba a punto de salir en búsqueda de un teléfono público para llamarle a mi amigo, lo vi subiendo por las escaleras. Lo vi cansado, como si hubiera estado en una borrachera enorme a lo largo de todo el día, traía bolsas debajo de los ojos, el cabello revuelto y el rostro sin color.

Regresé a casa pasada la media noche, más cansado que preocupado. Me quité la boina roja, rayada y la coloqué junto a mi Souvenir. Estaba enorme, radiante, jamás pensé que mi amigo pudiera hacer un trabajo tan bueno, sobre todo la forma en que lo cubrió de pintura. Debo aceptar que fue un grave problema eso de la transportación, ¿Cómo pude haberlo traído desde tan lejos? La gente del camión se me habría quedado viendo, y yo pues no podría hacer otra cosa sino aguantarme las miradas, afortunadamente el chofer resultó ser muy amable, lo contrario al tipo que me llevó en la tarde, le prometí cien pesos y más tardó en aceptar que en preguntarme dónde nos iba a recoger terminado su turno.

El chofer fue bastante puntual, algo que verdaderamente me sorprendió, recién terminé de tomar mi café en la casa de mi amigo escuché el claxon tan distintivo del camión. Además, el señor fue muy acomedido, tanto que no tuvo inconveniente en ayudarme a bajarlo por las estrechas escaleras, ya que mi amigo estaba muy cansado y ni siquiera quiso salir. Lo bajamos despacito, siempre sin hacer ruido porque según mi amigo, esas cosas alarman a la gente y pensándolo bien tenía razón, es mejor que uno mantenga sus pertenencias en secreto, aunque yo no le veo nada por lo que la gente se pueda espantar pero nunca se sabe. Yo ni me esperaba tanta amabilidad por parte del chofer ni esperaba que estuviera su esposa en el camión, tanto que me lo chuleó, hasta se dio el lujo de tocar, y mi souvenir, siempre sonriente dejando que la señora desconocida hiciera de él lo que quisiera, por eso ni me enojé, no tenía por qué hacerlo, después de todo me considero afortunado de tener algo que nadie más posee.  El único problema de todo esto, es que me puedo volver adicto a coleccionar este tipo de cosas, pero en algo debo entretenerme.

Lo coloqué al lado de mi cama una vez que el chofer y su esposa me ayudaron a subirlo, la verdad no recuerdo que pesara tanto, por eso es que cuando llegué estaba tan cansado y lo que más flojera me daba era que al día siguiente tenía que ir tempranito al banco para sacar el resto de mi dinero y pagarle la otra parte a mi amigo por su estupendo trabajo.

Pasé una mala noche, mi souvenir no me dejó conciliar el sueño. La primera vez que me despertó fue a las tres de la mañana, fue muy raro todo, porque al decir que me despertó no quiero decir que se acercó a mí y me dijo: levántate, susto que me hubiera pegado aunque para ser franco me hubiera gustado que eso sucediera, lo que pasó es que yo estaba soñando que el recubrimiento usado por mi amigo se rompía y que mi souvenir se acercaba a mí, por eso me desperté porque además, puedo jurar haber escuchado que me hablaba. Después de eso traté de dormir nuevamente, pero no pasaron ni quince minutos después que cerrara los ojos, cuando los abrí nuevamente y souvenir ya no estaba al lado de mi cama, para ser franco ahí sí que me espanté, fue lo mismo que me había dicho mi amigo, que por eso estaba tan cansado, solamente que yo no lo encontré en el pasillo de la casa sino que al abrir los ojos y no verlo, escuché una voz en el closet, en ese momento me paré, abrí la puerta del closet y ahí estaba, con mi ropa colgándole por todas partes, era como si llevara mucho tiempo ahí, escondiéndose o sabe Dios haciendo qué cosas, parecía que alguien le había echado la ropa encima durante mucho tiempo, no me quedó de otra que hacer un gran esfuerzo para sacarlo del closet y ponerlo junto a mi cama para después amarrarlo con un lazo.

Cuando finalmente pude dormir, fue hasta que el cielo comenzaba a pintarse de rosa, hasta ese momento souvenir dejó de hacer ruidos y pude conciliar el sueño, sin embargo, no pude dormir mucho, me levanté a las nueve para ver a mi amigo después de pasar al banco. Tomé el camión de la otra vez, sólo que ahora sí pagué al subirme, estaba tan cansado que no quise armar escándalos por tan poco dinero, fue en el camión donde pude dormir otro poco, una señora muy amable de gafas grandes y blusón floreado me despertó justo en el lugar que le dije. Caminé las tres respectivas cuadras hasta que llegué al edificio de cinco pisos, mi viejo edificio, fumé un cigarro en la entrada antes de subir al departamento de mi amigo, lo hice porque aún era temprano y considerando que no pudo dormir la noche anterior, decidí dejarlo dormir un rato más, aunque fueran unos cuantos minutos. Una vez que terminé mi cigarro, entré al edificio y vaya que me llevé una gran sorpresa, la puerta  de uno de los departamentos del primer piso estaba abierta, era la de la casa que recorrí tantas veces, sólo que al pararme en el umbral descubrí una escena que me partió el corazón, vi a mi Lupita sentada en una sillita en el comedor llorando, por poco y no la reconozco, ya que los años no pasan en balde, yo le calculé unos quince. Al verme en la puerta mi Lupita se espantó, yo creo que no me reconoció, tuve que agarrarla de los brazos para decirle, acuérdate de mí pero no se acordó.

Subí al departamento de mi amigo, toqué varias veces pero no me abrió, fue en ese momento cuando me quise bajar en búsqueda de un teléfono público para hablarle, pero al estar bajando las escaleras recordé que por error me había llevado sus llaves la noche anterior y entré a la casa.

La casa estaba justo como la recordaba, aunque ya la había visto el día anterior y el día en que llevé mi souvenir para que mi amigo trabajara en él, no pude dejar de sorprenderme, todo tenía un orden muy estricto, exceptuando la habitación donde mi amigo estaba acostado en la camota de metal rodeado por todos los instrumentos que usa para hacer su trabajo. Lo desperté después de varios intentos fallidos, le pedí perdón por haberme llevado sus llaves a lo que él me dijo que no me preocupara, que de todos modos ni siquiera se había dado cuenta ya que no tuvo que salir para nada en toda la noche. Me preparé un café bien cargado y estuve ahí hasta que llegó la noche. Le platiqué lo sucedido con mi souvenir pero no me creyó, ¿Cómo era posible que no me creyera dado que a él le sucedió lo mismo? Para ser sinceros me desesperó un poco, pero no me enojé, no tenía por qué enojarme. Al salir de la casa y bajar al primer piso, me di cuenta que la puerta de mi Lupita estaba cerrada. Como ya era tarde y a esas horas no pasan camiones, decidí irme en el taxi.  Nuevamente llegué a mi casa a las doce, justo como el día anterior, una cuadra antes de llegar, me di cuenta que ya se habían llevado el camión chocado que estaba estorbando en la mañana. Traté de conciliar el sueño pero me fue imposible. Mi souvenir haciendo ruidos otra vez.

Así pasé toda la noche, hubo un momento en que quise dormir en la sala, pero no podía dejar solo mi cuarto con esa cosa que cada vez hacía un alboroto más grande. Dieron las tres de la mañana, entré a mi habitación y vi que mi souvenir estaba tirado en el suelo, fue en ese momento cuando me di cuenta que el yeso de la parte inferior estaba roto, así que tuve que hacer lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar, tomé el lazo y lo amarré fuertemente, pero no fue suficiente con eso porque no había forma de callarlo, así que corrí a la cocina en búsqueda de un tranquilizante pero no pude encontrar nada. Cuando regresé, había yeso por todas partes, los brazos estaban descubiertos y tenía un seno de fuera, en ese instante me llené de tristeza, no tenía por qué suceder, todo terminaría igual, ya no tendría un buen recuerdo de mi viaje, de ella, tan linda que se portó conmigo en la playa, por eso quería conservarla, pero ya no sería posible, terminaría igual que mi amigo, Lupita, su padre, el chofer y su esposa, todos revueltos y llenos de tierra en la fosa de mi jardín.

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