En medio de la tempestad y de ninguna parte

Una Reflexión sobre las elecciones en México

Durante los últimos meses he visto, escuchado, leído y tratado de estar al tanto del acontecer político de México. A través de las distintas redes sociales, la televisión, los periódicos y por supuesto las diferentes publicaciones que me encuentro en revistas o en Internet. Manteniéndome al margen de caer en cualquier tipo de confrontación, debate o intercambio de ideas y posturas, dado que no consideré pertinente intervenir hasta no tener una postura sólida o un comentario certero y bien sustentado sobre las distintas alternativas políticas. He de confesar que por momentos, creí que el hecho de abstenerme de ejercer cualquier tipo de participación me convertiría en un observador más equitativo y quizás me ayudaría a encontrar alguna respuesta para definirme y tomar una decisión clara con respecto a lo que se avecina el próximo primero de Julio; por desgracia, el día de hoy me enfrento al papel sin ser capaz de tener trazado un camino claro, al contrario, conforme pasan los días creo que mi decisión de voto se ha vuelto más confusa y por momentos, prácticamente indefinible.

Ayer que me postré a ver el debate, en casa de unos amigos y posteriormente lo escuché al regresar a casa a través de la radio, tuve la experiencia de vivir una especie de regresión a la escuela primaria o secundaria. Cuando en los recesos, antes de iniciar los clásicos partidos de fútbol americano con mis compañeros, se armaba el clásico chin-chan-pú y los designados para tal responsabilidad iban diciendo uno a uno los nombres para armar los equipos, obviamente dependiendo de las culidades individuales para armar un equipo fuerte que pudiera ganar la cascarita. Ayer me sentí así, desafortunadamente, creo que ninguno de los cuatro líderes de los equipos me escogió y yo, tampoco pude escogerlos. Me sentí desplazado, relegado, sin importancia. En medio de ninguna parte como un observador de un juego del que jamás podría tomar parte y que, a los líderes, jamás les interesaría integrarme a dicho juego. Por más que trataba de motivarme para ser un ciudadano hecho y derecho, no lo logré, las descalificaciones terminaron por aburrirme y las propuestas repetitivas por generarme sopor.

Por más que me esforcé hasta el punto de intentar obligarme y prometerme internamente que al concluir el debate finalmente me definiría por uno de los cuatro participantes, no pude hacerlo. Al contrario, me sentí alejado, distante de todo el movimiento. Ya que no logré ver una sola propuesta que me convenciera, ni siquiera una que me hiciera sentido. No digo con esto que el hecho de que alguno dijera que bajará el precio de la gasolina, o que se impulsará la preparatoria obligatoria, o que me van a regalar medicinas, o la creación de un instituto de cultura nombrado Octavio Paz no me pareciera cautivador, al contrario; mi cartera estaba detrás de mi impulsándome a dejarme convencer por alguna de esas propuestas pues, ¿A quién no le gusta pagar menos?, ¿A quién no le gusta saber que se va a impulsar la educación, cuando es lo que más necesitamos?. Lo que verdaderamente me hizo regresar a mi estado original de apatía e indecisión fue que todos y cada uno de los cuatro candidatos se la pasaron diciendo el qué, pero hasta donde recuerdo nadie dijo el cómo y fue aquí cuando me surgió la pregunta: Van a hacer todo esto, ¿A costa de qué, de quién?, ¿A qué costo?, ¿Gratis?, no lo creo.

Si me dieran un peso por cada vez que he escuchado durante los últimos meses las frases: México mejor, el cambio que necesitamos, respetaré la ley, conforme al marco de derecho, etc… creo que esta reflexión jamás hubiera sido escrita ya que estaría disfrutando del calor de verano en alguna playa o gastando mucho dinero en Las Vegas o viendo alguna obra de teatro en Broadway. Ayer lo escuché hasta el cansancio, así como lo he venido escuchando día con día durante los últimos meses en los distintos foros de debate, notas del periódico y más que convencerme, por el contrario, me aterra.

Creo que muchas de las propuestas no van más allá de oraciones que puede elaborar un niño pequeño y cualquier adulto, una carta a santa muy convincente. Es muy fácil prometer y decir y volver a prometer. Así como es muy simple atacar y descalificar con argumentos vagos. Cualquiera puede hacerlo. Yo podría decir, si fuera candidato, que voy a regalarle un auto nuevo a cada habitante mayor de 18 años. Y tal afirmación sería tan válida como toda la serie de descalificaciones y propuestas que se han dicho.  Total, nadie me exige que diga el cómo. Sólo necesito prometer y prometer, simular un compromiso y al momento de lograr mi objetivo, ya veré si lo puedo cumplir, de todas formas pretextos en un panorama económico tan adverso como el que vivimos hoy en día a nivel mundial no me  van a faltar, nunca han faltado, mismos que pueden ser tan simples como: Nos han saqueado, o como, el congreso me lo impidió.  Quise quitar a cien y no pude, o peor aún, quité a quinientos. Total, nada me cuesta decir durante cinco años: “estamos trabajando en ello” y al final decir, ups, qué creen, no se pudo por equis o ye.

Me duele sobremanera ver que pocas son las personas que preguntan el cómo, pero me duele más que sin saber el cómo, la gran mayoría alardeamos de tener una postura firme, y defendemos a capa y espada un ideal utópico, con mucha forma pero sin un fondo claro. Lo defendemos a tal punto que sólo basta ver en cualquier red social la sarta de descalificaciones que se suscitan si uno expresa su opinión. Los mejores, son los que tratan de persuadir con argumentos vagos y a través de convicciones pero con respeto. Los peores (tristemente la mayoría) se limitan a descalificar y agredir, o a defender su derecho de decisión al voto sin una mínima apertura al diálogo. Estamos basando este incipiente ejercicio democrático en opiniones viscerales, sin tener la capacidad de generar un juicio profundo, sesudo.

Hice un ejercicio en distintos blogs con seudónimos varios, escribí la frase: “Pues la verdad, después de todo lo que he visto, yo creo que voy a votar por: ________ , escribiendo el nombre de cada uno de los candidatos al final de la frase. Me causó tanta curiosidad que al escribir el nombre de las cuatro alternativas me llamaron: Pendejo, vendido, ignorante y otros tantos adjetivos que sé con seguridad podrían cuadrar con mi personalidad. Los menos ofensivos me invitaron a “no dejarme engañar”, a pensar bien mi decisión, seguido de un breve intento de convencimiento para que votara por equis candidato, pero nuevamente un qué, sin un cómo. Fueron muy pocos  los que respetaron un simple punto de vista de un desconocido sin ofender. Por lo que me vino a la mente la apresurada conclusión de que la gran mayoría, está tan confundida como yo. Nos vamos a acercar a las urnas el próximo primero de Julio para votar por un nombre y por una propuesta sin un fondo. Vamos a votar por una esperanza, motivados nuevamente por una ilusión, por ese boleto de lotería con el cual esperamos que todo de alguna u otra forma se resuelva favorablemente, por supuesto con el mínimo esfuerzo, vamos a votar impulsados por la moda de la democracia, por querer expresarme así nomás con un tachesito o palomita sobre una boleta. Por ello lanzo esta pregunta, ¿cuántas propuestas conoces del candidato por el que vas a votar?, creo que si eres capaz de nombrar al menos diez, estás del otro lado, te felicito. ¿Coincides con todas las propuestas de tu candidato?. Si contestas afirmativamente, es preocupante. He investigado, como dije en distintos foros, y pocos son los que mencionan al menos una propuesta que les atraiga. ¿Qué no el ejercicio de la democracia y el voto, debería estar sustentado por la crítica?, ¿Por qué defendemos olímpicamente una postura cuando deberíamos criticarla, no acatarla a ciegas?. Por eso nos va como nos ha ido.

Creo que el ejercicio de la democracia es sin duda la mejor de las alternativas para poder buscar una sociedad igualitaria, el bien común y un crecimiento parcial con oportunidades y derechos iguales.  Sin embargo, en los últimos años, el accionar político de México se ha llenado de sofistas, los grandes rivales de la democracia (según una interpretación personal de la postura platónica). Vemos candidatos que bien podrían llamarse Protágoras, Lisias o Gorgias. Teniendo en sus manos la sabiduría absoluta para poder guiar a la sociedad mexicana con propuestas sumamente conmovedoras, eso sí, taquilleras y apantallantes. Desafortunadamente, cualquier buena intención que puedan tener los aspirantes a la representación nacional,  demerita por su serie de continuas e increíbles contradicciones. De todos.

Resulta impactante ver como un candidato de la noche a la mañana puede descalificar al sistema que lo llevó a donde está y que sea capaz de sembrar la idea de un fraude electoral cuando fue su misma bandera partidista la que puso observadores y encomendados “de gran confianza para su partido” a definir las reglas del juego. ¿Acaso es válido desconfiar de las reglas que mi mismo partido aceptó y propuso? Sería válido aceptar que se seleccionaron a los representantes incorrectos, pero a estas alturas del proceso, creo que es un argumento cobarde y la simple descalificación no es válida.

Qué tan válido es, de igual forma, que en un debate a nivel nacional critique y exponga actos de corrupción, de equis partido, cuando en diferentes entidades del país, ambos están unidos bajo una amistosa coalición para lograr una alcaldía u otro puesto público.  Cuando mis presentaciones están llenas de acarreados, comprados por la promesa de un billete o una comida insignificante. ¿Eso no es corrupción?, ¿Querer convencer o comprar votos a cambio de algo?, si tan solo lo hiciera un partido, estoy de acuerdo que lo critiquen, pero todos lo hacen, no sólo para las campañas, para los informes de gobierno, para cualquier acto público que requiera presentar  y proyectar masas.

¿Por qué no aceptar de forma abierta, que el camino escogido por el partido que represento, no ha sido el correcto?, ¿porque no proponer mejorarlo, impulsarlo, incluso rectificarlo para darle continuidad a un proyecto?

Esta pequeña muestra de contradicciones es lo que más ruido me hace del sistema político actual de México. Creo que la búsqueda del poder por el poder nos ha dominado y no somos capaces de salir de ese bache. Somos una sociedad poco instruida con aires de grandeza. Exigimos libertad de expresión sin saber expresarnos. Criticamos y nos burlamos de un candidato que no fue capaz de recordar o decir los tres libros que más han marcado su vida cuando el índice de lectura per cápita es de ¡un libro al año! (o menos)

¿Cuántas de las personas que ahora se escudan en las declaraciones del difunto Carlos Fuentes, han leído al menos uno de sus libros? Por iniciativa propia, no porque obligaran a leerlo en la secundaria o preparatoria. ¿Qué acaso los únicos con validez para criticar al candidato y respaldarse por Fuentes, son los que lo han leído?. Estoy de acuerdo que debemos exigir un candidato preparado, lo necesitamos. Alguien que pueda postrarse ante cualquier grupo de gobernantes, intelectuales e inversionistas para persuadirlos, convencerlos. Necesitamos exigir preparación, pero es inminente que nos preparemos. No digo con esto que todos deberíamos tener un doctorado, ojalá se pudiera. Puedo criticar la falta de cultura y preparación reconociéndome como un igual, siempre y cuando esté buscando superarme, así sería válido.

¿Cuántos de los que nos quejamos de la corrupción no hemos sido corruptos?, para que exista la corrupción se necesitan dos elementos básicos: una autoridad corrupta y una sociedad corrupta. Es tan ladrón el que brinca la barda como el que le ayuda a treparla.

Pero eso sí, nos encanta el show.  Nos fascina culpar a los demás de nuestros problemas.  Por desgracia me atrevería a decir que la gran mayoría de nuestra sociedad somos una bola de snobs, amamos guardar apariencias, predicamos la defensa del pobre dando limosnas,  exigimos la igualdad de derechos discriminado a las mujeres, a los gays o a cualquier minoría que no compagine con nuestros ideales y reprochamos la corrupción en los gobiernos cuando somos los primeros en dar mordidas para evitar un castigo; buscamos un México limpio y próspero cuando no separamos la basura y las coladeras y los terrenos baldíos están atascados de desechos y nuestras calles están saturadas por carteles no degradables que terminarán quemándose en el basurero local.  Exigimos se garantice la seguridad y la captura de los grupos del crimen organizado cuando según la OEA, el 44% de los jóvenes entre 12 y 17 años declaró haber consumido bebidas alcohólicas en el 2011 y casi el 2% haber consumido marihuana. ¿Cómo podemos exigir educación cuando nosotros no educamos a nuestros hijos?, ¿cómo puedo exigir seguridad y la erradicación del crimen organizado con un churro de marihuana en la mano?. Sé que por desgracia, la mayoría no hemos tenido la educación para ver ese acto como consecuencia del otro, pero los que sí tuvimos la oportunidad, ¿por qué no participar en la causa orientando?

Vemos a un grupo aventurado de jóvenes buscar la democratización de los medios ¿exigiendo una cadena nacional? ¿Para obligar a la población a ver el debate?, ¿Eso es la democratización mediática? ¿Quitar oportunidades de elección?

¿Respaldamos nuestras posturas en artículos que carecen de una fuente, o que están saturados de supuestos?

Eso sí, cuando nos invitaron a meternos a Youtube a ver el video, todos los que tenemos acceso a Internet, obedecimos en el acto.

Estamos tan clavados de los bots, en los acarreados, en la edecán, en los trending topics vendidos, que ya hasta el fin del mundo se nos olvidó, aunque no por mucho tiempo, ya que pase de moda la elección, seguro, retomaremos a los mayas.

Por desgracia creo que pase lo que pase en las urnas el próximo uno de Julio, el único ganador va a ser México, porque vamos a tener al gobernante que nos merecemos. Vamos a votar por alguien que no conocemos pero del que tenemos la más sólida de las opiniones o bien, vamos a votar para que no gane el que no queremos, al fin que ya tenemos experiencia en ello. De cualquier manera da lo mismo. Tendremos gobernantes a la altura de nuestras exigencias. Cuando haya una crisis económica o alguna represión violenta, va a ser muy fácil señalar al culpable: la persona o el partido, es lo mismo. Saldremos a quejarnos a las calles, nos encanta. Cada seis años tenemos nuestra revancha, nuestros cinco minutos de fama, de opinión, de foro, para después, descansar plácidamente y seguir haciendo lo mismo que hemos hecho durante décadas, buscando mágicamente obtener un resultado distinto haciendo lo mismo. Por ello, el próximo presidente o presidenta va a estar a nuestra altura, va a ser alguien a quien podamos señalar y acusar eximiéndonos afortunadamente, de toda culpa y responsabilidad.

Ojalá el movimiento de las univrsidades no muera unos meses después del uno de Julio. Lo necesitamos. Es necesario que nos sumemos, que participemos activamente como sociedad y busquemos exigir el cumplimiento de las propuestas con argumentos, con foros de diálogo. Seamos apartidistas. Necesitamos que ese grupo de jóvenes crezca y se consolide, que no suelte la batuta, que la herede, que asesore. No que espere a que se abran mil universidades. Que origine una verdadera opinión pública con organizados e incluyentes. Entonces sí, estaré seguro de que México está cambiando y que dentro de seis años vamos a estar más maduros para enfrentarnos a una elección, porque para esta, ya es demasiado tarde.

Votemos pues. Investiguemos. Leamos no sólo a Fuentes. Leamos dos libros al año. Publiquemos en facebook las fotos de nuestras reuniones, eventos y fiestas, pero al menos una vez al mes dialoguemos, preguntemos ¿cómo vamos?, ¿Era lo que esperábamos?, ¿Qué podemos hacer como sociedad?, aprendamos una palabra nueva. Levantemos un papel diario. Paguemos nuestros impuestos. Juntemos todas las limosnas que pudiéramos dar y al final donémoslas a una institución, en efectivo o en especie. Son los pequeños cambios individuales los que construyen grandes naciones y estoy seguro que México, tiene todo para serlo.

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2 comentarios to “En medio de la tempestad y de ninguna parte”

  1. edgarator Says:

    Dices tantas cosas que comparto y algunas que no…pero no se ni por donde empezar… Tenemos que hablar. Muy bueno Jaime!

  2. Rodrigo M. Says:

    Excelente artículo, Jaime… Sin duda, opiniones que muchos compartimos y que, hoy conociendo el resultado de la elección, entendemos más

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