Una Nueva Sorpresa

Imagen Dedicado a Santiago. Bienvenido Hijo

 

Ayer por la mañana cuando mamá terminó de desayunar, me sacó del lugar en el que siempre me deja acostado cuando está ocupada. A mi me gusta observarla, ver lo que hace, cómo se mueve, cómo sonríe y escuchar su voz. Yo todavía no sé lo que son muchas cosas, pero la verdad eso todavía no me importa. A mi me gusta que me vea, que me hable y que me diga cosas. Soy feliz cuando está cerca de mi y, para ser sincero, me desespero un poco cuando me despierto y no la veo. Por ello, sólo puedo recurrir a mi mejor e infalible técnica para llamar su atención: Llorar.

Cuando terminó de desayunar me cargó y así estuvimos un buen rato. Ella cargándome y yo abriendo y cerrando los ojos. Eso lo hago porque necesito comprobar que ella siga ahí, no vaya a ser la de malas que se le ocurra dejarme solito y miedo que me da. Por eso cuando me carga o está cerca de mi, abro y cierro los ojos continuamente. Ya me ha pasado que nada más me descuido tantito y ¡zaz!, desaparece y yo nada más veo los colores que me rodean y la luz, pero de mami, nada de nada.

Me tomó en sus brazos y me llevó a otro lado, a ese lado al que por lo regular me llevan todas las mañanas. En donde una persona que no es mi mamá, me carga y me carga y me mueve y me habla y hace … ¡sss! ¡sss! ¡sss!. Al principio pensé que era mamá, pero después cuando fui viendo mejor, me di cuenta que tiene la piel más arrugada y tiene arriba de la frente el cabello blanco. A ella le dicen tía.

Ahí estaba yo, muy tranquilo con tía, cuando de pronto sentí que algo me golpeó. Me moví para tratar de ver qué era, pues no era la primera vez que lo sentía. Debo confesar que al principio me espanté un poco, pero después de un rato me calmé. –No pasa nada- pensé.

No sé que pasó después, recuerdo que cuando volví a ver estaba ya con mi mamá en el lugar en el que estamos siempre, en donde me acuesta y me quedo acurrucadito con ella y de pronto, otra vez, un golpe, pero en esta ocasión pude notar que se trataba de unas cosas delgadas y largas. De nuevo me moví para encontrarlas pero no pude ver, pues ¡qué se creen!.

Terminé de comer y mami me cargo. Fue entonces cuando me di cuenta que ella también tenía esas cosas largas que yo nunca había visto, o al menos no había notado. Me cargó y me empezó a golpear como siempre lo hace, una y otra y otra vez: Cuál va siendo mi sorpresa que en ese momento, mientras mami me daba golpecitos, aparecieron no una, ni dos, sino 5 cosas de esas largas que yo no había visto. Todas de diferentes tamaños, unos más delgados y otros más gorditos.

Tan pronto como mami me volvió a recostar en sus brazos, esperé el momento justo. Abrí bien mis ojitos y esperé, no fueran a escaparse, tenía que desquitarme de tantas veces que me han pegado. De pronto, ahí estaban, los cinco de siempre. Traté de mostrarle a mami lo que había descubierto que estaba pegado a mi, pero como que no me entendió, no me hizo mucho caso, así que me di por vencido en tratar de explicarle. De veras, no me lo van a creer, la única solución que encontré fue comerlos, pero ahí siguen, por más que los como no se van, aunque creo que ya me he ido acostumbrando, pues esas cosas largas de diferentes tamaños saben re bien.

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