Archive for the ‘Poesía’ Category

Por Eso Te quiero

diciembre 4, 2014

Llegué un viernes para decirte: te quiero.

Y te lo dije así, sin nada más. Te quiero.

Te lo dije como te lo diría años más tarde el viento helado de la toscana el día que conoció tu rostro,

O como el copo de nieve blanquísimo, al posarse sobre ti con la más diminuta y perfecta caricia.

Te quiero como aquella noche en que el silencio de la calle en París, nos musitó que esto era un sueño y nosotros simplemente estábamos queriéndonos en otra parte del mundo.

Como nos queremos en todos nuestros mundos. Hablados y mudos.

Te quiero tan cálidamente como un querer tu mano fría en mi pecho.

Y esa noche en Venecia, sin más de nuevo, cansados a la entrada del hotel,  te quise en ese beso.

Te quiero como en el tren al mirar la nieve silenciosa.

En ayunas y cuando almorzamos miradas

Te quiero dormido y despierto.

Mi querer es tan simple, que te quiero cuando veo en Mariano tus ojos inquietos

y en Santiago tu mirada profunda.

Te quiero así sin nada más, con esta efímera esencia de quien soy y lo que tengo.

Con todas mis eternidades tejidas en el tiempo.

 

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Un poema para recordar a Borges

junio 14, 2012

Les comparto uno de los poemas que mas admiro de Borges. En su aniversario luctuoso.

Ajedrez

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

En la oficina

septiembre 22, 2010

Pasa el tiempo sin saber que es tiempo

Y el día avanza agujerando el estómago,

Los ojos desean el respirar del sueño

Y la mente anhela el pensar del campo.

  (more…)

Romper con el silencio

diciembre 27, 2007

El romper con el silencio,
Como una gota que parte el viento de la noche.
Y el dormir plácidamente entre tu voz y tu cuerpo.
Recostado entre las plumas del suspiro,
Es tal vez, pensar en que por ti estoy vivo. (more…)

Pensar en ti

noviembre 30, 2007

Pensar en ti, es pensar en una promesa incierta,
En una mirada ausente que a la distancia me soslaya,
Es comer, tal vez de las migajas de tu carne
Y dormir, sobre un lecho en el vacío. (more…)

Un Poema de Amor

octubre 2, 2007

Cuando hable con el silencio
cuando sólo tenga una cadena
de domingos grises para darte;

cuando sólo tenga un lecho vacío
para compartir contigo un deseo
que no se satisface ya con los cuerpos de este mundo

cuando ya no me basten las palabras del castellano
para decirte lo que estoy mirando

cuando esté mudo de voz de ojos y de movimiento

cuando haya arrojado lejos de mí
el miedo a morir de cualquier muerte

cuando ya no tenga tiempo para ser yo
ni ganas de ser aquel que nunca he sido

cuando sólo tenga la eternidad para ofrecerte
una eternidad de voces y de olvido

una eternidad en la que ya no podré verte
ni tocarte ni encelarte ni matarte

cuando a mí mismo ya no me responda
y no tenga día ni cuerpo

entonces seré tuyo
entonces te amaré para siempre.

Homero Aridjis

Ojalá

septiembre 14, 2007

Ojalá; si dios existe
Me hubiera hecho mujer.
Para darte una caricia de pétalo
O bañarte con un beso de lluvia.
Si dios me hubiera dado pechos
Te alimentaría por siempre de pasiones.

Si fuera mujer, podría pensar lo que tú piensas
Y no vería desiertos donde hay mares.
Sabría que la sal va con las olas
Y el dulce es el sabor de los amantes.
Podría decirte te amo sin palabras.
Te llevaría al cielo con los ojos,
¿por qué no fui mujer mi dios bendito
Para darte a ti mujer la infinidad del cosmos?

Sé que tristemente soy varón.
Y por ello: no puedo acariciarte con la rosa
Ni besarte con la lluvia.
Si yo no fuera hombre amada mía,
Vería el mundo por encima de las nubes.
Porque tú pareces mirar todo distinto,
Podría saber, que para ti la dicha
No es la hiel de mis jardines
Para ti el fruto del manzano
No es la rosa deshojada
Desdichados ojos de hombre
Que te miran claro oscura
Cuando brillas encantada.

Y te digo, por fin: ¡tendré paciencia!
Aunque muera devorado por los leones
Haré a un lado esta niebla de inocencia
Para que brillen tus astros corazones,
Sin opacar tu piel con mi presencia
Ni borrar con hielo tu sonrisa.
Porque amor, no soy mujer
¡bendita esencia!
Si lo fuera entonces no sabría.
Que detrás de tus ojos hay estrellas,
Y detrás de los míos melancolía.

Jaime E. Almeida

Agosto 2004

Hay Varias Formas…

agosto 2, 2007

Hay varias formas de llamar a la ausencia,
Un florero azul vacío,
Una noche sin muerte
Luz sin sombra
Vida sin ti.

Hoy, ya no tengo nada más que darte
Ni siquiera silencios que ofrecerte
Ni una tumba blanda donde morir por las noches,
Nada.

Ya no es suficiente ofrecerte este cuerpo frío
Estos ojos con lágrimas,
Estas manos de tinta.

Ya no puedo mostrarte el día
Ni las estrellas por las mañanas,
Ya no puedo salpicarte con mi sangre,
Ni hundir en ti todas las penas.

Ni siquiera puedo escribir tu nombre
Porque es tuyo y me lo arrebataste,
Has silenciado al verso
Y aniquilado la vida
Alimentaste a la zozobra
Dejando todo, donde no dejaste nada.

Los colores que te vistieron
Se han tornado memoria,
Nunca olvido,
Porque aunque me empeñe en matarte,
Ni siquiera eso puedo hacer sin ti.

Aun te amo,
Pero por más que calle mis palabras sobran
Por más que te mire en la memoria
Del tiempo te escapas,
Con esos cabellos negros que supongo
Acariciarán al aire.
Por ti, hubiera sido todo,
Pero no me lo creíste
No bastó con demostrarte tres años de espera
Ni siquiera fue suficiente
Acariciarte en las mañanas
Ni besarte con la voz,
Bendita seas mujer de arena
Sé que siempre has querido tocar el mar.

Por eso te escapaste,
Como vuelan los gritos por las calles,
Como fluye el agua por los grifos,
Como pasa la muerte a través de la vida.

Pero aquí sigo,
Escribiéndote, como si la poesía pudiera revivirte,
Como si fuera posible que mañana aparecieras
Y me dijeras por vez primera
Con esa voz tan tuya de verdad,
Que has vuelto
Y que llegaste para no dejarme nunca,
Que te fueron suficientes mis versos
Para decidir volver,
Entonces mujer no habría preguntas.

Pero soy un iluso
Ni el más grande poema puede revivirte,
Ni la sombra más clara puede iluminarte
Ya nada puedes decirme
Porque te fuiste en silencio
Y sé que así permanecerás para siempre.

Jaime E. Almeida

Tu cuerpo no se mide…

julio 3, 2007

Tu cuerpo no se mide, es todo el universo.
Planetas, estrellas.
Las galaxias son tu vientre, tus muslos, tu ombligo.
Donde yo soy ajeno a este planeta.

Tus pechos son los soles que refulgen y hacen el día
El día que muere y ansía la noche.

Eres luminosa, brillas en las noches y soles en las mañanas.
Eres la rosa estelar, el trigo luminoso.

tus ojos, dos cometas.

Tú controlas las mareas cuando mueves un dedo.
Y deshaces corazones cuando llueves estrellas.

Eres el respirar en el espacio sin oxígeno
Eres viajar en la luz y desde arriba ver el cielo

Eres finita cuando te levantas
Infinita cuando te acuestas

Eres hielo abrasador cuando estás lejos
Y me incendio en ti cuando te acercas

Eres humo, eres luna, eres todos los sistemas solares
Eres la razón de los amores
Eres mínima y eterna
´
amor, tu cuerpo es todo el universo
después del Big Bang, eres silencio.

Ahora el tiempo…

marzo 18, 2007

Ahora el tiempo ha caminado, después de tantos años en los que pareció permanecer estático, inerte a las caricias del viento, a los amaneceres de los ojos, a las risas de la madrugada. El tiempo dejó de ser ese anciano humilde varado en las esquina de una calle desconocida; que cualquiera en algún momento pensó no se movería jamás; por las piernas añejas y ese bastón de madera enmohecida que amenazaba con quebrarse en caso que diera un paso.

Ahora ya estamos en otro lado, porque la verdad de las cosas, es que tú estás en tu mundo y yo en el mío; aunque no sé si tú al igual que yo te encuentres sumergida en el pensamiento de la amargura, la nostalgia, o te encuentres acosada por la deprimente presencia de la incertidumbre.

Sé que lo nuestro, no fue un caso más de esa enfermedad que los amorosos de Sabines llaman amor, tengo la firme certeza que lo nuestro fue más allá de una risa espontánea, o de una caricia ligera, sé que nosotros, en nuestro tiempo, antes que el anciano caminara, tuvimos la fortaleza para mirarnos fijamente y compartimos esa necesidad de permanecer juntos por la eternidad; aunque nunca pensé – he afirmarlo con profunda sorpresa- que la eternidad, no fuera para siempre.

Yo he tratado de atar cabos, he repasado meticulosamente, cada gesto, cada palabra, cada espasmo, cada risa; para saber a ciencia cierta si cada uno de esos factores que construyeron la eternidad, tuvo su existencia en el momento exacto, en el instante preciso. Porque es necesario preguntarse, ¿qué sería de nosotros de no haber sido nosotros?, ¿qué habría pasado en nuestras vidas si no hubiéramos  contemplado los matices de la eternidad?, ¿Estaríamos ahora hundidos en la agonía del rompimiento?, ¿Habrías imaginado tal vez estar cerca, y sólo tal vez, aunque fuera por un instante, del mal usado termino amor?

Lo peor de todo, es que en esta historia no existieron culpables, sólo cómplices; cómplices de un delito planeado con suma precisión, ambos construimos un palacio de arena y agua, mismo que deshicimos incrédulamente con nuestros mal gastados espíritus, agotados por la constante presencia de la distancia. Eso fue todo, y lo más triste es pensar ahora, que esa destrucción agónica, marcó los cimientos de una nueva era; una era sin caricias, sin labios, sin palabras, sin nosotros.

Sería estúpido pensar que ambos nos esperaremos, aunque sé que en algún rincón de nuestros dilatados pechos, cabe, en esa diminuta esquina una ligera esperanza de seguir creciendo juntos; pero la esperanza, como dije, sería estúpida, ya que de nada sirve estar esperanzados si ha perdido la fuerza.

No sé cuánto tiempo habrá de transcurrir, para que ambos nuevamente iniciemos este baile constelar, en donde aparentaremos ser un astro más en el cenit nocturno; en donde intentaremos confundirnos con el resto de los animales de nuestra rara especie, haciéndonos pasar por otra estrella con un fulgor semejante al de los otros, sin olvidar nunca que somos distintos, ya que tendremos tatuado el pecado de haber conocido al amor y haberle dado la espalda.
Hasta pronto he de decir por esta noche. Hasta pronto he de decir para siempre. Una nueva eternidad comienza; y con cinismo he decir que espero, esta eternidad, no sea tan eterna.